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LA COMUNICACIÓN NO VERBAL |
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El tema de la comunicación no verbal pasa muy desapercibido y es, precisamente, esa característica lo que le da una gran relevancia. Se piensa más en “qué” se dice, que en “cómo” se dice, y muchas veces el “cómo” afecta profundamente y modifica al “qué”. Nuestra sociedad ha dado un papel predominante al logos, a la palabra y, sin embargo, las personas reflejan en su forma de hablar y en los gestos y posturas, consciente o inconscientemente, su lugar de procedencia, su estado de ánimo, sus intereses, etc. Entre 1914 y 1940 empiezan a realizarse investigaciones sobre la comunicación no verbal. Este tema no es exclusivo de una sola disciplina ya que son muchas las que lo han considerado objeto de sus estudios. Entre ellas se encuentran: la etología (que estudia las costumbres), la sociología, la psicología, la antropología y la lingüística, fundamentalmente. No siempre llegan a los mismos resultados, debido con toda probabilidad a la juventud del tema, entre otras cosas. Es un ámbito muy prometedor y tiene muchos beneficiarios en campos diversos.
Tipos de comunicación no verbal La Proxémica es el estudio y clasificación del uso que el hombre hace de su espacio vital. Es de todos conocida la sensación de incomodidad que se produce cuando alguien se toma excesiva confianza e invade nuestra esfera personal, pues la distancia está relacionada con el grado de intimidad. También interviene un factor cultural, pues según en qué medios este espacio vital está más distante o más cercano; por ejemplo, está muy lejano entre los alemanes que para saludarse se dan la mano como mucho, mientras que en España nos damos dos besos; y más cercano es todavía en Sudamérica, donde el contacto físico de caricias y gestos afectivos es más frecuente. “Argyle y Dean formulan hipótesis sobre un equilibrio entre fuerzas de aproximación y de alejamiento: nos sentimos atraídos por algunas personas y rechazados por otras como consecuencia de experiencias anteriores gratificantes o frustrantes, a partir de los sentimientos de simpatía o de antipatía que los demás suscitan en nosotros. En las relaciones hostiles preferimos observar a las otras personas, manteniéndonos lejos del radio de acción de su contacto físico” (Incola Squicciarino).
Las expresiones del rostro no deben ser nunca aisladas del contexto de su cultura y el ámbito de comportamiento en que se desarrolla: torcer la nariz varía su significado según el lugar y el contexto. En Japón el semblante ideal debe estar controlado, sin expresión, mientras que la risa y la sonrisa pueden utilizarse para ocultar la rabia o el dolor. A diferencia de otras formas de comunicación no verbal, los gestos faciales se consideran dominados en un nivel consciente, ya que conocemos su potencia comunicativa, intentamos someterlas con cuidado, inhibiéndolos y exhibiéndolos cómo y cuando queremos. Desde la infancia nos enseñan a ocultar ciertas emociones y a fingir otras; este comportamiento puede llegar a ser habitual y capaz de entrar en acción superando nuestras propias intenciones. El rostro es el espacio de las tensiones, donde las emociones, en el momento de su manifestación, son manipuladas, destacadas o negadas. A través de una serie de normas dadas por la sociedad se entra en un juego continuo de ficciones y disimulos, de enfatizaciones y omisiones. Justamente la cara, que es el elemento más elaborado de la expresión no verbal, se convierte, o lo convertimos, en el falsificador no verbal. El aspecto externo
Otra tipología de personas son aquellas que están demasiado preocupadas o inmersas en sus propios pensamientos u ocupaciones para conceder una mínima atención a su apariencia. La indumentaria siempre significa algo, transmite información con respecto a la edad, el sexo, la etnia, el grado de religiosidad. En la actitud hacia los demás se emiten señales en cuanto a la disponibilidad sexual, la agresividad o la rebeldía, como es el caso de los roqueros, y la formalidad en el comportamiento, el estatus social y económico, como vemos en los banqueros y “gente de dinero”. Algunas profesiones precisan de una determinada indumentaria, como el uniforme de la policía, la toga del juez o los hábitos de un cura. En el interior de un hospital transmite la información del papel que desempeña cada uno, si es enfermera, médico o paciente. No obstante, hay personas que no se sienten identificadas con la vestimenta que le obligan a llevar y hacen de ese traje su propia versión, como es el caso del adolescente que varía la forma de ponerse el uniforme del colegio, dando una información suplementaria de su propia identidad. No tenemos que olvidar que la indumentaria está teñida del contexto que la envuelve, como podemos ver en el siguiente ejemplo de Humberto Eco: “Lleva minifalda: es una chica ligera (en Catania, Sicilia). Lleva minifalda: es una chica moderna (en Milán). Lleva minifalda: es una chica (en París). En Hamburgo, en el Eros: lleva minifalda, quizá sea un chico”. Todos los factores que hemos visto son capaces de darnos una mezcla explosiva. Un buen lector del lenguaje no verbal podría hacernos una radiografía diaria y descubriría nuestro estado de ánimo. El hombre está constantemente emitiendo mensajes. Impregna de sí mismo cuanto le rodea, especialmente sus gestos: el cuerpo dice el noventa por ciento de lo que la persona expresa. Así pues, conocer este lenguaje no hablado nos puede decir mucho de las personas, de sus sentimientos y motivaciones. Nos dejará acceder a ese idioma no hablado que cada uno transmite. Un idioma de señales inconscientes, de miradas furtivas, entre líneas de gestos y ademanes que tienen mucho más que decir de lo que hasta ahora nos han comunicado. Laura Sánchez |
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