LA LÁGRIMA


Aquella lágrima que se desgarró de mis ojos no fue la primera,

ni sería la última de mi existencia.

En esta ocasión ella se sintió más triste que la oscura fuerza que la hizo nacer

para viajar a través de mi rostro y desaparecer...

Desaparecer en el invisible mar de las lágrimas huérfanas,

que la tristeza alimenta en un infinito devenir de emociones, sentimientos y penas.

 

Esa lágrima era única entre todas las lágrimas,

era genuina, insatisfecha consigo misma... distinta.

Se compadeció tanto de mí y del incomprensible destino que debía cumplir,

que antes de tocar mis pies decidió no rendirse, decidió no morir.

Se detuvo frente al suelo haciendo un esfuerzo colosal,

y como en un mundo al revés, salió despedida hacia el cielo cual estrella fugaz.

 

Su pequeña conciencia de lágrima se expandió y con el mundo se hizo una,

buscó un sentido, un porqué, una respuesta a sus preguntas.

Y el mundo le habló... le mostró cuán maravilloso es el universo, sus misterios, su pureza.

¡Qué grande la generosidad de la Tierra, su perfume y su divino oficio de madre naturaleza!

Le mostró las potencias más deslumbrantes del ser humano, su ser preferido y amado.

Capaz de los más sublimes pensamientos, sacrificios y actos.

 

Le mostró la sonrisa de un niño, sus ansias por devorar la vida.

La amistad inquebrantable entre dos amigas.

Le mostró el cariño de una madre por su hijo y el de un padre por los dos,

y el abrazo sincero entre un hombre que creía, y otro que no...

El mundo le enseñó todas esas cosas maravillosas y luego calló,

y la lágrima, con todo ese saber, regresó por fin a la cueva de la que nació.

 

Me dijo: "Ahora entiendo tu dolor... has olvidado quién eres y no conoces tu interior.

Estás perdido, la felicidad convive entre los hombres y por eso lloras, por eso nací yo".

La lágrima se expandió ante mí, y a través de ella vi cosas increíbles, conmovedoras e imposibles,

un mundo que creía terrible se me mostró como un hermoso sueño posible.

Me regaló la esperanza y me mostró la verdad,

no el engaño que algunos pretendían enseñarme como la cruda realidad.

 

Por eso volvió a hablarme antes de fundirse con mi YO,

antes de viajar a mi infinito mundo interior:

"No olvides quién eres, si quieres cambiar las cosas, tú puedes...

despierta, recuerda siempre quién eres... tú puedes".

Hice caso de sus consejos, de su cariño y de su consuelo,

ahora yo soy lágrima, y ella... mucho más que un hermoso sueño.

 

José Luis Gil Miró

 


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