La magia de los antiguos egipcios. Dioses, mitos, magos y leyendas

Desde la más remota antigüedad, Egipto1 tuvo fama de ser la cuna ancestral de la sabiduría, la tierra de la magia y la patria de los misterios. Ya en aquel entonces, hablar de Egipto era hablar de un mundo enigmático y fascinante, habitado por sabios legendarios, poderosos magos y grandes faraones, cuyos templos, tumbas y pirámides reflejaban con su portentosa técnica las sublimes proporciones de lo divino y lo eterno. Es por eso que todo aquel que anhelaba conquistar la sabiduría y desvelar los ocultos secretos de la vida y la muerte, viajaba a Egipto en busca de su ciencia, su magia y sus misterios. De hecho, los tres sabios más famosos del mundo griego, que fueron Orfeo, Pitágoras y Platón, estudiaron su ciencia en las Escuelas de Sabiduría del Antiguo Egipto. Pero además de ellos, parece ser que Solón, Tales, Anaxágoras, Anaximandro, Demócrito, Heráclito, Licurgo, Eudoxio de Cnidos, Plutarco, Eratóstenes, Amonio Saccas, Plotino, Teón de Alejandría, Hecateo de Mileto, Estrabón, Apolonio de Tyana, Jámblico, Diodoro de Sicilia y Apuleyo, entre otros, bebieron también de las inagotables fuentes de la sabiduría egipcia.

El viajero griego Herodoto, que visitó Egipto hacia el año 465 a. C. habla de los egipcios como «los hombres más antiguos del mundo», y reconoce que «cultivaban y ejercitaban la memoria más que los demás hombres». Es más, entre todos los pueblos que Herodoto cita en sus crónicas, no duda en calificar a los sabios egipcios como «la gente más hábil y erudita que hasta el presente ha podido encontrar», refiriéndose especialmente a los sacerdotes de Heliópolis como «los más sabios y letrados de todo el Egipto». Además de manifestar su asombro por sus avanzados conocimientos de astronomía (calendario egipcio) y de medicina, Herodoto afirma que los egipcios fueron los que instruyeron a los demás pueblos sobre los misterios de la vida y la muerte, sobre la reencarnación de las almas o metempsicosis y sobre la inmortalidad del alma2.

Por su parte, Clemente de Alejandría que vivió en el siglo II-III d. C. decía que los egipcios guardaban en los templos una enciclopedia con todo su saber sagrado y secreto, un corpus de sabiduría escrito por el dios Thot que estaba compuesto de 42 volúmenes, de los cuales al menos seis de ellos trataban de medicina, otros se ocupaban de la magia y algunos también de matemáticas y geometría, mientras que el resto de libros abarcaba «desde las leyes, la educación de los sacerdotes, la historia del mundo, la geografía, los jeroglíficos, la astronomía, la astrología y la religión»3.

Platón también atribuye a los egipcios, en concreto a Thot, que era el dios de la sabiduría y de la magia, la invención de los números, el cálculo, la geometría, la astronomía y la escritura4. De hecho, en la literatura egipcia encontramos frecuentes alusiones a un libro legendario de magia y sabiduría que contenía «las Enseñanzas Secretas del dios Thot». Un libro tan antiguo como misterioso que según la tradición ancestral había sido escrito por el propio Thot cuando transmitió su ciencia divina a los primeros sabios egipcios. Según el mito: «Thot escribió el libro con su propia mano y en él estaba contenida toda la magia del cosmos. Si leías la primera página podías encantar al cielo, a la tierra, al abismo, a las montañas y al mar; podías comprender el lenguaje de los pájaros del aire; conocer todo lo que dicen las cosas que hay sobre la tierra y ver a los peces en las oscuras profundidades del mar océano. Si leías la segunda página, aunque estuvieras muerto e incluso en el mundo de los fantasmas, podías regresar a la tierra con la apariencia que tenías estando vivo. Y además de todo esto, podías ver al sol resplandeciendo en el cielo con la luna llena y las estrellas, y contemplar las maravillosas siluetas de los señores de la eternidad (los dioses)»5.

Papiro Westcar

Papiro Westcar

El origen del «Libro Secreto de Thot» se pierde en la noche de los tiempos, pues sabemos que a comienzos de la IV Dinastía, el rey Keops le pidió al mago Djedi que le dijese dónde estaba oculto, para poder usar su ciencia secreta en la construcción de su templo funerario. Lo cual significa que ya en el 2.600 a.C. (Imperio Antiguo) el Libro de Thot era un texto ancestral de la época remota en la que los dioses gobernaban la tierra. Lo cierto es que a lo largo de la historia egipcia fueron muchos los sabios y príncipes que emprendieron la búsqueda del misterioso Libro de Thot, teniendo que enfrentar múltiples pruebas, peligros y dificultades para poder llegar hasta él. Nombres de personajes legendarios como el mago Djedi o Nefer-Ka-Ptah; de reyes como Keops, Men-Kau-Rá o Amenhotep III; de príncipes como Hordjedef, Herutataf o Ja-Em-Waset y de célebres sabios como Amenhotep hijo de Hapu, aparecen de una u otra forma vinculados a él en diversos textos y narraciones literarias como el Papiro Westcar o el Ciclo de Setne-Jamuas. Incluso hay algunos capítulos del Libro de los Muertos, como el Nº LXIV, que dice «Este capítulo (del Libro de Thot) fue hallado en tiempos del rey Men-Kau-Rá, en la ciudad de Khemenu, bajo los pies de una estatua del dios Thot. Estaba grabado en un bloque de hierro y la inscripción estaba incrustada con auténtico lapislázuli. El hallazgo fue hecho por el príncipe real Herutataf con motivo de su viaje de inspección a los templos».

Estatua del sabio Amenhotep hijo de Hapu. Museo de Luxor, Egipto.

Estatua del sabio Amenhotep hijo de Hapu. Museo de Luxor, Egipto.

Pero no todo es literatura, del Libro de Thot existen también testimonios de carácter histórico-arqueológico, como los textos biográficos de las estelas funerarias. Algunas de ellas por ejemplo, son bastante explícitas, como la del célebre sabio Amenhotep Hijo de Hapu, cuando declara: «Yo fui instruido con el libro de Thot  y conocí los instrumentos mágicos del dios; yo fui iniciado en las secretas enseñanzas que son inaccesibles al común de las gentes y exploré todos sus pasajes difíciles»6. Otras sin embargo, lo dejan entrever de forma más bien implícita, como la del Rey Horemheb cuando dice: «Veneremos y aclamemos al dios del conocimiento [Thot] (…) el escriba en funciones que preserva el rollo del secreto (…) el que hace regresar lo que estaba olvidado, (…) aquel cuyas palabras duran eternamente»7.

La búsqueda del «Libro de Thot» es un relato cuya estructura argumental es muy clara: el protagonista se encuentra de pronto ante un misterio que casi nadie ha podido resolver y que supone todo un desafío. Se trata de un «Libro Secreto de Magia» escrito por el propio dios Thot, que está escondido en algún lugar remoto y perdido, cuya situación exacta es prácticamente imposible encontrar. Dicho libro otorga a quien lo posee la sabiduría, el poder e incluso la inmortalidad, pero está eficazmente protegido por poderosas fuerzas invisibles. De tal forma que aunque consiguiera descubrir su paradero y llegar hasta él, tendría que enfrentarse a múltiples trampas mortales, terribles criaturas del inframundo, potentes escudos mágicos y al final de todo, un poderoso guardián del umbral que es inmortal, la serpiente sagrada que custodia el Libro de la Sabiduría Divina. Ante este panorama, lo mas fácil para él sería pensar que se trata solo de una antigua leyenda y darlo por imposible. Pero hay algo en el alma del buscador que le impulsa a desafiar las leyes de lo posible en un loco afán de conquistar lo inalcanzable, lo prodigioso y lo extraordinario.      

Desde un punto de vista literario, no hay duda que la leyenda del Libro de Thot es un mito de estructura iniciática, cuyo argumento fundamental es tan universal como atemporal, ya que de una u otra forma lo encontramos reflejado en la mitología de casi todas las culturas tradicionales con distintos nombres y personajes. La principal diferencia es que en el caso del Libro de Thot estamos posiblemente ante la versión original del mito, o al menos la más antigua conocida, mientras que las demás serían versiones tardías o copias inspiradas en él. No obstante, el argumento esencial no varía, se trata de la gran búsqueda de la sabiduría, el poder y la magia, por parte de un joven príncipe, un aprendiz de mago o un rey sabio que busca descubrir el secreto poder de la creación, desvelar los misterios de la vida y la muerte, dominar las fuerzas y seres invisibles de la naturaleza o conseguir el divino don de la inmortalidad.

En cualquier caso, la Gran Búsqueda es siempre un camino plagado de obstáculos, trampas y peligros. Un sendero que muchos comienzan y pocos terminan. Un desafío espiritual que lleva al protagonista más allá de sus propios límites. Una prueba de valor, inteligencia y coraje, que le obliga a enfrentarse a sus propios miedos, dudas y debilidades. Un verdadero Peregrinaje Iniciático en el que lo más significativo no es tanto la consecución de la meta final, sino el proceso de transformación y aprendizaje que vive el candidato mientras va recorriendo el camino. Por eso en algunas versiones posteriores de este mito, cuando por fin consigue llegar hasta el Libro se encuentra con que tiene sus hojas en blanco, o como en el caso del príncipe Jamuas, que después de haberlo conseguido tuvo que devolverlo a su escondite secreto.     

Sea cual sea la versión que elijamos, «la leyenda del Libro Secreto de Thot» es por tanto el modelo original de un mito iniciático, a partir del cual se desarrolló toda una tradición literaria que logró perdurar a la propia civilización egipcia, gracias a la labor de los sabios de la escuela de Alejandría. Un símbolo de la magia y la sabiduría divina del dios Thot que, encarnando en la figura de Hermes Trimegisto, sobrevivirá a la caída del Mundo Clásico y al cierre de las escuelas de sabiduría a través de la tradición hermética, inspirando a lo largo de toda la Edad Media a aquellos espíritus despiertos y audaces que, arriesgando sus propias vidas, se atrevieron a buscar la luz de la sabiduría y el conocimiento en medio de un mundo regido por la ignorancia, la superstición y el fanatismo religioso.

Javier Vilar


1 Egipto es el nombre griego; los egipcios le llamaban Kemet (tierra negra) y Ta-Meri (tierra amada).

2 Heródoto, Los nueve libros de la historia. Ed. Porrúa. México 1974.

3 Robert Armour. Dioses y mitos del Antiguo Egipto. Alianza Editorial. Madrid. 2004.

4 Platón. Fedro. En Diálogos. Ed. Porrúa. México. 1998. Pág. 658.

5 Robert Armour. Op. Cit.

6 Estatua biográfica o de los ochenta años. Museo del Cairo Nº 42127. Hallada en el Séptimo Pilono del Templo de Karnak.

7 Estatua de Horemheb. Metropólitan Museum de Nueva York