Mindfulness y el poder de estar presente en el presente – 2ª parte

Si bien el Mindfulness es muy antiguo, pues tiene su origen en la tradición Budista Vipassana que cuenta con más de 2.500 años de antigüedad, este se popularizó en Occidente como disciplina científica allá por los años 80, con Jon Kabat-Zinn, fundador de la Clínica de Reducción de Estrés de la Universidad de Massachusetts y del programa de reducción del estrés, conocido como MBSR, como medio para tratar problemas asociados al estrés y al dolor crónico.

Jon Kabat Zinn

Hagamos un poco de historia. Todo comenzó allá por el año 1979 por un acto de amor, pues Jon Kabat Zinn que en aquel momento trabajaba con enfermos de dolor crónico en un departamento de la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts, se preocupó por aliviar el sufrimiento de sus enfermos a través de la aplicación de las técnicas contemplativas de Oriente que él mismo había practicado desde su juventud a través de la disciplina Zen y del Yoga.

Así fue que Jon  propuso a la dirección del hospital un proyecto piloto para «alivio del dolor y reducción del estrés» por medio de técnicas de relajación y cuál sería su sorpresa cuando recibió la aprobación para realizar los experimentos, comenzando a derivarle enfermos para que pudiera realizar las pruebas.  No podemos olvidar que en esos años en EEUU, y sobre todo en el ámbito de la ortodoxia clínica, todo lo que sonara a Oriente, espiritualidad y técnicas contemplativas, tenía unas connotaciones negativas relacionadas con el movimiento hippie y las sustancias psicodélicas. De ahí que la aprobación del proyecto fue motivo de entusiasmo por parte del joven Kabat-Zinn que muchas veces confiesa sentirse en manos de un destino que pugnaba por dar un cambio de rumbo en el mundo occidental.

Lo cierto es que los resultados fueron notablemente satisfactorios en más de 50 enfermos estudiados, comenzando a demostrarse con baremos científicos fiables y comprobables que el programa era efectivo para la gestión del dolor crónico, dado que los enfermos lograban «despegarse» de su dolor, generando una serie de procesos que facilitaban su mejora o curación. Datos que quedaron registrados en un primer artículo de investigación titulado «Programa ambulatorio de medicina del comportamiento de pacientes con dolor crónico basado en la práctica del Mindfulness».

Esta fue la primera investigación científica de la relación salud-meditación.  A partir de ese momento numerosos han sido los trabajos de investigación médica en relación a la interacción mente-cuerpo y las aplicaciones del mindfulness en la salud, incluidas las más de 35 ediciones del Congreso para el estudio de la espiritualidad y la ciencia que promueve el instituto Mind and life, creado por el Dalai Lama y otros grandes investigadores. Es de resaltar los encuentros realizados allá por el año 90 del Dalai Lama con unos jóvenes, Jon kabat-Zinn promotor del mindfulness en Occidente y Daniel Goleman, quien popularizo el concepto de inteligencia emocional y toda la repercusión que ha traído en los últimos 30 años. No puedo dejar de preguntarme si esos encuentros entre estos hombres modelos referentes en  nuestro tiempo no obedecía a una estrategia bien diseñada para que el mundo occidental accediera a una sabiduría milenaria portadora de una enorme sabiduría que podía beneficiar al ser humano en cualquiera de sus latitudes…

Dalai Lama

Hoy en día, el concepto de meditación ha sido universalizado, respondiendo al afán del propio Dalai Lama, modelo de referencia para el mundo entero por ser un ejemplo de vida, de poner la espiritualidad al alcance de todos y acceder a todos los seres humanos sin excepción. Hombres y mujeres unidos por la sabiduría que no conoce fronteras ni limites, sin diferencia de raza, credo, religión, condición social o color… Reconozco que me emociona solo el pensarlo.

Lo cierto es que no hace falta una creencia religiosa para experimentar la atención plena. Tan solo querer vivir mejor el momento, buscar una mayor calidad de vida, estar más presente y mejorar la salud física y psicológica. Y aunque no es complicado, todos los especialistas recomiendan un aprendizaje y alguien que facilite ese aprendizaje.

Actualmente, las aplicaciones del mindfulness se extienden a casi todos los campos: salud, educación, deporte, empresa, alimentación… Es curioso observar como se hacen certámenes culinarios con atención plena a la búsqueda de paladares selectos que puedan ser capaces de detectar todos los ingredientes en un plato altamente elaborado. También encontramos numerosas  universidades y centros escolares que ofrecen a sus alumnos talleres de mindfulness, conscientes de que en el mayor de los casos, la distancia que separa el éxito del fracaso escolar,  no reside tanto en el talento del alumno sino en su capacidad de concentración, retención de conceptos, relación y análisis que permite al alumno generar nuevas estructuras de pensamiento.

A decir verdad, todos estos avances han dado un vuelco al mundo. Los estudios se van ampliando cada año, haciendo que este nuevo paradigma, el cual estamos apoyando desde los inicios de la Fundación Sophia, sea ya imparable. Son cientos los estudios neurocientíficos que demuestran los beneficios del mindfulness en numerosos ámbitos de la vida. Veamos algunos:

En Medicina. Miles de hospitales están siguiendo los programas de mindfulness tanto a nivel global para médicos, como a nivel particular para determinados grupos de enfermos, generando numerosos beneficios en: ansiedad, fibromialgia, tdha (Trastorno por déficit de atención), enfermedades cardiovasculares, trastornos alimenticios, abuso de sustancias, depresión, psoriasis, cáncer, diabetes, epilepsia, lesiones cerebrales…

En educación. Con niños, 10 minutos diarios al comenzar la jornada y en su rincón de la paz se están consiguiendo grandes mejoras en memoria y concentración, en autodominio, disminución de la ansiedad, mejora del autocontrol, potenciación de la empatía y la comprensión hacia los demás, desarrollo de habilidades en la resolución de conflictos y mayor salud.

En prisiones. En centros penitenciarios de América y Europa se han alcanzado en estos últimos años, grandes progresos en la inserción social y laboral de presos y en la superación de adicciones.

En empresas. Utilizando el modelo Stop cada cierto tiempo para volver al presente una y otra vez, tiene grandes beneficios tanto a nivel humano como de rentabilidad  económica.

Lo cierto es que a día de hoy, somos muchos miles de personas los que tratamos de llevar «la presencia plena» a nuestras vidas, con multitud de cambios benéficos considerables.

¿Cómo es la técnica Mindfulness?

El mindfulness abarca desde las prácticas más ortodoxas dentro de la tradición del budismo Vipassana o «visión clara», hasta un sencillo ejercicio de parar un minuto, respirar, observar tu mundo interior y volver a la actividad que tuvieras desde una postura mental más consciente… Desde la práctica terapéutica del mindfulness en uno de los muchos programas que se han desarrollado en los últimos tiempos (el MBS, mindfulness para la reducción del estrés; el MSF, mindfulness y autocompasión;  o el MBCT, terapia cognitiva basada en mindfulness, y otros muchos), hasta el sencillo hecho de comerte una manzana focalizando la mente con atención plena…

El soporte fundamental de toda meditación es sin duda la respiración. No obstante en mindfulness se ha dado también especial importancia al cuerpo con sus múltiples sensaciones como lugar de focalización de la atención. Ello favorece de manera muy efectiva la toma de presencia en el mismo momento que la mente apunta hacia el cuerpo y sus sensaciones. Con ello logramos alcanzar el primer objetivo del mindfulness que no es otro que aquietar el ruido mental, serenar la mente, crear el espacio vacío necesario entre el observador y lo observado para poder responder desde la conciencia libre y despierta al estímulo dado,  en lugar de reaccionar mecánica e instintivamente.

Esto, que mirado friamente, parece bastante difícil de lograr, se consigue con la practica constante. Está demostrado por las modernas neurociencias, que ocho semanas de práctica diaria, durante 30 minutos son suficientes para crear las sinapsis neuronales necesarias para crear un hábito en nuestra vida.  Se trata, como en un gimnasio, de desarrollar un músculo, solo que en este caso es el musculo mental de la atención, del darse cuenta de donde se encuentra la mente para llevarla una y otra vez hacia el objeto de nuestra atención. Para ello se entrenará a la mente para focalizarse en un solo estímulo de manera ininterrumpida. Es obvio que la mente se alejará de su objeto de concentración numerosas veces, sin embargo, cuantas veces se aleje de su concentración, una vez más, volveremos con mucha paciencia, sin juicio y con amabilidad a conducir la mente hacia el foco de atención elegido.

Es cierto que al principio de la práctica, el foco de la atención está constantemente desviándose, atraído por los numerosos estímulos que secuestran nuestra atención y, por otro lado, también es cierto que tardamos mucho tiempo en darnos cuenta de que nuestra atención se ha desviado. Sin embargo, la práctica continuada junto a la paciencia desinteresada, es decir, sin esperar resultados, hace que paulatinamente el proceso se invierta. Como dicen los textos tradicionales budistas: «Si bien la mente es inestable y difícil de dominar, la constancia y la paciencia, unida a una firme determinación, acaban por dominarla».

Así, poco a poco, podemos llegar a conseguir que nuestra atención se focalice durante largo tiempo en un objeto de atención, a la vez que el tiempo en darnos cuenta de que nos hemos alejado del foco se reduzca. Y si bien a uno le gustaría haber realizado un tiempo perfecto, el tan solo intentarlo, es en sí, cultivar un estado meditativo que genera en el practicante momentos únicos de satisfacción interior por sentirse plenamente vivo; instantes de comprensión profunda y lucidez mental tan impresionantes y tan benéficos para el alma que busca y necesita comprender el misterio de la vida, que realmente os tengo que decir, que cualquier esfuerzo es poco, comparado con los beneficios que nos reporta.

Sesión de mindfulness

¿Por qué un programa de Mindfulness  para una vida plena y feliz?

Como hemos visto y nos han desvelado las demostraciones empíricas de la ciencia, la técnica del mindfulness nos habilita para gestionar con mayor sabiduría nuestro estrés, ansiedad, dolor crónico, enfermedad, estados de sufrimiento y depresión, etc… Pero además debemos preguntarnos, ¿cómo usar esta técnica milenaria para poder vivir la vida con mayor plenitud y felicidad, haciendo hincapié no solo en los factores nocivos, sino sobre todo y fundamentalmente en los factores benéficos que incrementan y favorecen el desarrollo de  nuestro potencial esencial?

¿Cuál es la base del MVPF?

En los últimos tiempos han habido numerosos estudios que demuestran que si pudiéramos poner en un platillo de la balanza todos los sinsabores que hemos tenido a lo largo de la vida, las situaciones difíciles, problemáticas, enfermedades, muertes de seres queridos, dolores, miedos, puntos de fisura, etc.; es decir, todo lo «negativo» y en el otro platillo de la balanza colocáramos las experiencias placenteras y felices, las alegrías, los momentos de gozo y serenidad, los éxitos y victorias obtenidas, etc… tendríamos que reconocer con cierto desconsuelo que el platillo de lo negativo tendría más peso.

Según el Dr. Rick Hanson, neuropsicólogo y fundador de uno de los institutos más importantes de estudio neurocientífico y de sabidurías contemplativas, comenta que  nuestro cerebro más antiguo, el reptiliano, aquel que usábamos cuando vivíamos en la época de las cavernas (el que rige los instintos más primarios), está muy preparado para aprender rápidamente de las malas experiencias como mecanismo básico de supervivencia en un mundo lleno de peligros,  pero no tanto de las buenas. Se trata de un antiguo mecanismo que se convirtió en el cerebro en un  patrón de comportamiento que el  Dr. Hanson describe como hecho de «velcro» para lo negativo y de «teflón» para lo positivo, desarrollando así  una «tendencia negativa» en nuestro carácter. Pero es cierto  que si bien en aquellos momentos nos ayudó para mantenernos vivos y alejados de los peligros, hoy no tienen razón de ser. Es más, esta predisposición «tóxica» de tener más en consideración los aspectos difíciles y peligrosos de la existencia, por encima de los felices y saludables, nos está enfermando de desánimo, boicoteando nuestra esperanza y lastrando nuestra motivación,  impidiéndonos acceder con fluidez a nuestras mejores propuestas interiores y exteriores.

Si a esa tendencia «velcro» de nuestro cerebro instintivo, le añadimos que los sufrimientos y preocupaciones que generan los momentos difíciles y problemáticos secuestran nuestra atención, tiñendo del color de esa emoción todo nuestro mundo… mente, corazón, palabras y actos… Si  agregamos el poco dominio que tenemos sobre esa «mente que cuenta historias», que en el momento que nos descuidamos se abalanza sobre la situación rumiando el problema que va extendiéndose hacia otras facetas de nuestra vida o hacia otros problemas… esparciéndose como una mancha de aceite sobre el proceloso mar de nuestra vida… No puedo dejar de pensar que estamos bastante perdidos e indefensos, sobre todo teniendo en cuenta la opinión científica de que los buenos momentos de la vida resbalan por el «teflón» de nuestro cerebro… ¿qué podemos hacer sobre la base neurocientífica, ante esta escalofriante situación?, sobre todo, teniendo en cuenta que todo ser vivo va en busca de la felicidad…, que necesitamos ser felices.

Algo que aprendí desde niña es que allá donde hay un problema existe una solución. Jamás la naturaleza nos presenta un dilema irresoluble. Siempre hay una espada flamígera con la cual cortar «el nudo gordiano»… Tan solo hay que conectar con nuestro potencial interior, accesible a través de nuestra atención plena y agudizar nuestra creatividad para encontrar el recurso idóneo. Pero repetimos: ¿qué podemos hacer?  Porque lo cierto es que también los estudios neurocientíficos y psicológicos nos dicen que si miramos detenidamente en nuestro interior, observaremos que la más fuerte y poderosa de nuestras «querencias» es la conquista de la felicidad.  Entonces… ¿cómo podemos registrar las experiencias positivas en nuestro cerebro para ir cambiando paulatinamente  el peso de la balanza? ¿De qué manera podemos conseguir esas buenas experiencias que necesitamos para curar antiguas heridas, desarrollar nuestro potencial y poder disfrutar más de las cosas buenas de la vida? ¿Cómo modificar nuestro mapa mental y poder así transformar nuestros estados mentales negativos en positivos  y de ahí llevarlos a convertirse en tendencias hábiles para que finalmente se puedan traducir en una forma de ser y de mirar la vida de una manera plena y feliz?

Veamos algunas recomendaciones, también avaladas por las neurociencias y por todas las tradiciones contemplativas de la humanidad, para poder fijar en nuestra conciencia profunda aquellos momentos buenos de la existencia… pues ellos constituyen los ladrillos con los que construimos la felicidad, la salud y las relaciones saludables. Ese palacio luminoso en donde poder ser felices con nosotros mismos y con los demás en acorde y armonía con la Vida.

Herminia Gisbert