ALGUNOS ENIGMAS DE LA ARQUEOLOGÍA

Víctor Vilar

Septiembre 2007 - Nº 36 Arqueología
 

    

Un pergamino escrito en un lenguaje olvidado, viejas leyendas que hablan de continentes sumergidos o una estancia prohibida tras una puerta cerrada… ¿En qué reside el atractivo poder que encierran los enigmas? ¿Por qué lo desconocido ejerce una atracción tan intensa sobre el ser humano?

   Desde que nace, el hombre necesita respuestas, pues un nuevo horizonte se abre ante cada ser: la vida. Siendo niños observamos las cosas con asombro, indagamos con curiosidad, saboreamos con fascinación y lo preguntamos todo sobre todo. Somos exploradores con los torpes sentidos como herramientas, pero hacemos gala de nuestro arrojo y nos lanzamos a vivir en ese universo ignoto. La humanidad, al igual que el niño, también se enfrenta con lo desconocido y con la misma inquietud se lanza a explorar para abrir nuevos horizontes. Es una característica del espíritu humano: aprender. El hombre no se conforma con lo que ya conoce, con las soluciones fáciles, con las explicaciones de la realidad tal como se las dan; necesita encontrar respuestas a los problemas y dificultades que la naturaleza y la vida ponen a su paso, necesita sustituir por conocimiento la ignorancia que le oprime; necesita comprender el porqué de eso que contempla, que experimenta y que siente.

   Todo enigma se convierte en un desafío que le grita desde su rincón oscuro: «Te reto, intenta desentrañar mi misterio, atrévete a recorrer el camino inexplorado y resbaladizo». Ante el desafío, muchos se amedrentan y prefieren lo que ya está trillado, lo cómodo y seguro, antes que la aventura y el riesgo. Otra característica humana: el miedo. Miedo a que se derrumben los clichés preestablecidos y la estructura prefabricada del mundo mental, miedo a andar por sendas «aceptadas» por las costumbres no escritas.

   Sin embargo, la historia la han cambiado una serie de hombres y mujeres excepcionales que no tienen miedo, se arrojan al vacío y normalmente descubren en él  cosas maravillosas. Los marineros del Renacimiento se lanzaron a un océano repleto de monstruos que más allá de los límites conocidos devoraban barcos y tripulaciones… y pudieron alzar la voz por encima de sus temores e ignorancias con aquel célebre «¡¡¡Tierra a la vista!!!» Y como ellos, científicos y eruditos, armados de un microscopio o un telescopio, buscaron vencer sus ignorancias, llenar ese hueco del alma con lo único que puede colmarlo, la sabiduría.

   A pesar de todo, por cada enigma desvelado por la ciencia, aparecen y aparecerán otros para recordarnos que todavía queda mucho por recorrer en la gran búsqueda, que aún debemos despertar el espíritu inquieto y humilde que nos hace preguntarnos: ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cuándo? ¿Cómo?

   La arqueología, como la ciencia que estudia el pasado de la humanidad, las costumbres del hombre antiguo, su forma de vida, sus estructuras sociales, etc. no está exenta de enigmas, es más, tal vez suscite algunos que hagan tambalear las propias creencias científicas y sus postulados más sólidos. ¿Qué ocurre con aquellos descubrimientos arqueológicos y evidencias que ponen en entredicho algún que otro punto del conocimiento, o mejor dicho, la interpretación que tenemos sobre nuestro pasado?

   Es sabido que lo que es válido hoy, mañana puede ser modificado por un nuevo hallazgo. Pero ¿tendremos la humildad para reconocer nuestro error? ¿Tendremos el valor para aceptar una nueva pieza del rompecabezas que obligue a colocar de nuevo todas las que ya creíamos tener en su sitio?

   Hay una serie de descubrimientos denominados Oopart, acrónimo de Out of Place Artifact (artefacto fuera de lugar), que son precisamente eso: objetos paleontológicos o arqueológicos que según nuestra tradicional forma de interpretar la historia no corresponden con las culturas y épocas de las que proceden. De ahí que estén fuera de su lugar. En general se pueden dividir en dos clases:

    1) aquellos que son imposibles, rompiendo todos los parámetros de lo ortodoxo;

 2) aquellos que siendo posibles, suponen un nivel cultural, civilizatorio o técnico para unas culturas que en el canon ortodoxo occidental no gozan de tal privilegio.

   Ante los primeros, sólo cabe la sorpresa. No existe una respuesta lógica y racional que los explique, pues nos colocan en una posición imposible. La única justificación de su existencia sería un error en las teorías que tenemos sobre el origen del hombre. Pero ¿cómo tirar por tierra todas las teorías? Esta idea nos provoca vértigo. Únicamente podemos decir: «Es imposible».

Huellas del pasado…

   Las pisadas más antiguas y conocidas son las de Laetoli, en Tanzania. Pertenecen a una «familia» de Australopithecus, dos adultos y un niño. Aproximadamente tienen entre 3,6 y 4 millones de años. En sí mismas, estas huellas no son un reto, pero sí que nos marcan un límite. Son las evidencias más antiguas de homínidos que se han encontrado. Y aquí viene la arqueología imposible…

Caminando entre dinosaurios

   En el Valle de los Gigantes (Texas, USA), cerca del río Paluxy, hay un parque arqueológico muy interesante con cientos de huellas de dinosaurio perfectamente nítidas… No obstante, para sorpresa de los visitantes, se encuentran también pisadas de un pie humano. ¿Cómo es posible si el terreno pertenece al Cretáceo, es decir, tiene unos 140 millones de años? Cerca, en el Mount Vernon, se encontraron huellas de pies humanos que databan de 250 millones de años. A este misterio le debemos añadir otro: miden alrededor de 45-50 cm., correspondiendo a una altura entre 3 y 4 metros. ¿Convivieron los hombres con los dinosaurios?

El zapato más antiguo del mundo.

   En 1968, William J. Meister, un coleccionista de trilobites, el fósil de unos átropos marinos ya extintos, encontró un par de ellos incrustados en el fósil de lo que parecía la huella de un zapato. El descubrimiento fue realizado en  Antílope Springs, Utha, en un terreno de pizarra. La pizarra con la huella y los fósiles de trilobites tenían entre 590 y 505 millones de años de antigüedad. La huella es de 32,5 cm y 11 de ancho. ¿Quién llevaría un par de zapatos hace tanto tiempo?

Restos imposibles…

¿Un Clavo de hierro de casi 395 millones de años?

   En 1844, Sir David Brewster informó a la comunidad científica del descubrimiento de un clavo incrustado en un bloque de piedra en la cantera de Kingoodie, Mylnfield, Inglaterra. Según el Dr. A. W. Med, del Centro de Investigación Geológica Británica, la piedra arenisca en cuestión tenía entre 360 y 408 millones de años, y según la declaración del descubridor, el hecho de que la cabeza del clavo estuviera enterrada en el bloque de piedra, impedía que se hubiera introducido el clavo después de retirarlo de la cantera.

Si hay un clavo, ¿por qué no un martillo?

En Junio de 1934, en la localidad tejana de London, Emma Hahn realizó un descubrimiento asombroso. Un martillo incrustado en la misma roca. La cabeza, de hierro mide 15 cm. de largo y 3 de diámetro. En 1989 se realizaron pruebas de su composición por el Instituto Batelle de Columbus, revelando que su composición, 96% de hierro, 2,6 de cloro y 0,74 de azufre, era de un metal muy puro, calidad que sólo puede ser alcanzada por fabricación industrial. Carl Baugh, director del museo donde está expuesto, señala que la piedra en la que fue hallado es del periodo cretáceo, de entre 140 y 65 millones de años. Para otros investigadores,   es más    antiguo ,   del   435 - 500  millones   de   años.

Otros sin embargo postulan que si bien el material puede ser antiguo, la formación rocosa puede haberse compactado con posterioridad. Los propietarios de la pieza, el Museo de Pruebas de la Creación de Glen Rose, Texas, actualmente no permite que se le realicen más pruebas al martillo.

Las construcciones más antiguas del mundo

   En la década de los ochenta, el submarinista Kihachir Aratake descubrió unas estructuras sumergidas en la costa de la isla japonesa de Yonaguni. La polémica sobre su construcción, geológica o humana, sigue desatándose en la actualidad, y es uno de los enigmas arqueológicos que todavía no tienen respuesta. Si se confirma que su factura es humana nos encontraríamos ante la construcción más antigua de la humanidad.

   La postura del mundo académico está dividida, como en todos los controvertidos Ooparts. Los científicos más ortodoxos argumentan que no hay pruebas, ni evidencias en la superficie y talla de estas construcciones monumentales. No existen marcas de herramientas, ni bloques desplazados. Además los análisis geológicos confirman que la composición de la roca, así como la ubicación en una zona propensa a los terremotos favorece la exfoliación y fragmentación de las rocas con esa forma tan característica.

   Misaki Kimura, de la Universidad de Ryukyu, piensa que la estructura natural fue modificada en alguna época por el hombre. Según la datación geológica, la estructura habría estado emergida en el 8000 a.C. convirtiendo la estructura en la construcción más antigua conocida.

   Las últimas exploraciones submarinas mostraron unas plazas circulares, así como muros con patrones escalonados, túneles, pasillos, orificios circulares de dos metros de profundidad. La estructura principal presenta ángulos casi rectos y aristas bien determinadas. Todas la estructuras se reparten a lo largo de 5 km. En la costa sur de Yonaguni.

   ¿Construcciones o azar de la Naturaleza? La misteriosa esfinge sigue sonriendo, y por cada pregunta, sus labios sellados seguirán indicándonos que sólo el propio enigma conoce la respuesta.

   En el siguiente número trataremos de aquellos hallazgos que siendo posibles desafían el esquema histórico tradicional, invitándonos a revisar nuestras convicciones y a replantearnos una vez más nuestro pasado.  En definitiva más enigmas arqueológicos.

Víctor Vilar

 

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