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Francis J. Vilar |
Enero-Febrero 2004 - Nº 28 | Historia |
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Desde la segunda mitad del siglo XX se ha ido desarrollando un interesante proceso de revisionismo histórico, que desde diversos campos del conocimiento, ha empezado a cuestionar muy seriamente las teorías comúnmente aceptadas hasta el momento sobre el origen y desarrollo de la cultura, sobre la evolución paulatina de la inteligencia y el conocimiento humano y sobre el esquema del progreso lineal indefinido que, infravalorando cualquier logro cultural del pasado, sitúa a nuestro tiempo actual en la cúspide del saber y la civilización: «El historiador de la cultura Thomas Berry explica que el problema central de la época guarda estrecha relación con el hecho de haber perdido el 'buen hilo argumental' del relato que constituye la historia. Según la versión tradicional de la historia del mundo, las sociedades occidentales han venido manteniendo una explicación consensuada de las cosas, que ha servido para orientar las actitudes emocionales de la gente, ha suministrado objetivos vitales y ha dinamizado las actuaciones y comportamientos concretos (...) Sin embargo, hoy en día tiende a cuestionarse el sentido y la utilidad de esta versión 'normal' de la historia del mundo».1 Dentro de este proceso revisionista, ha comenzado a aflorar una conciencia emergente que apunta hacia una profunda revalorización histórica del legado cultural, filosófico y espiritual del mundo
mente».2 Por otro lado, el que exista un acuerdo sorprendente entre los más recientes descubrimientos de la ciencia de vanguardia y el legado de esa Sabiduría tradicional, cuyos principios se hallan expuestos en los diversos sistemas filosóficos, míticos y místicos de la antigüedad, no es tan extraño como pueda
Laszlo: «La carrera en pos del progreso material se ha puesto frecuentemente por delante del anhelo de conocer el significado de la vida y de tener una visión global de la existencia (...) En vez de orientarse hacia una comprensión del mundo con vocación omni-abarcante, las gentes de la era moderna abrazaron la idea de un progreso lineal asegurado aparentemente por tiempo indefinido. La vida de los individuos se hizo más larga y cómoda, pero, al mismo tiempo, se volvió más vacía, con menos sentido».3 1 BERRY, THOMAS. The Dream of the Herat, Sierra Club Books, San Francisco, 1988. p. 123. 2 CAPRA, FRITJOF. El Tao de la Física. Luís Cárcamo Editor, Barcelona, 1992. 3 LASZLO, ERVIN. El Cosmos Creativo. Ed. Kairós, Barcelona, 1997. Francis J. Vilar Editorial
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