TROYA, DE LAS BRUMAS DE LA LEYENDA A LAS PÁGINAS DE LA HISTORIA

Víctor Vilar

Octubre 2004 - Nº 30 Literatura
 

 

      La memoria de los hombres se disuelve… Cronos devora a sus hijos… el tiempo se desvanece. Restos inertes de piedras esparcidas nos recuerdan lo que otrora fueron grandes reinos y civilizaciones; estatuas de fríos ojos nos observan, impertérritas, mudas, sin desvelarnos sus más íntimos secretos; viejos papiros y pergaminos guardan celosamente su contenido… y sin embargo, desde el fondo de la historia, nos llega un canto de eternidad que ha atravesado los siglos, pues, ¿quién no ha oído hablar de Troya?

      La historia de la caída de Ilión (Troya), está recogida en lo que se llama el Ciclo Troyano, una serie de poemas épicos que narran la historia y las gestas de los héroes de la guerra de Troya y su regreso a casa. Estos poemas eran: Cipria, Aethiopis, la Ilíada, Iliupersis, Nostoi (poemas que cuentan la vuelta a casa de los héroes, entre los que destaca La Odisea) y La Telegonía. Sin embargo, salvo La Ilíada y La Odisea, los otros tan sólo se conocen por comentaristas y algún pequeño fragmento.

      De ahí la gran importancia de los poemas homéricos y de su autor, pues se constituye como el poema épico más antiguo de Europa. Estos poemas, durante mucho tiempo, no estuvieron escritos, eran cantados por unos personajes denominados  «aedos», que entonaban con voz vibrante y con rebosante memoria todos los versos. En la Antigüedad, el don de la palabra «verdadera» era una virtud propia de augures, bardos, sabios, sacerdotes y reyes. El Aedo -especie de bardo o poeta-rapsoda-, era considerado como maestro de aletheia, «maestro de la verdad». Y no se trata en este caso de la verdad objetiva, calculable, experimentable. La imagen que tenemos de la «verdad», difiere en algunos aspectos de la concepción antigua. Entre los iranios hay una palabra utilizada comúnmente como «verdad»: Rta, pero además significa «plegaria», algo que te vuelve a reintegrar en el todo, en el orden natural. En Egipto se veneraba a una diosa llamada Maat, que era el orden que se asienta en la verdad-justicia, y que en el hombre se manifiesta como rectitud. En la Antigüedad, la «Verdad» tenía que hacer mejor al hombre, recordarle su origen, recordarle la ley natural, su deber y cómo vivir de acuerdo a él. Todo lo que no fuese esto (real-verdadero-trascendente) no era verdad... La aletheia es una verdad filosófico-mística. Es más una invocación para traer al presente una realidad, un acontecimiento, que una poesía tal y como entendemos hoy este concepto. «Y decidme ahora, Musas, que habitáis el Olimpo, pues sois vosotras, por doquier presentes, las que todo lo sabéis, mientras que nosotros no oímos más que ruido y nada sabemos, decidme cuáles eran los caudillos, los jefes de los Dánaos».  El recitador, el aedo, pide que las Musas hablen por su boca y a través de ésta surge el verbo, la palabra de poder, el mantram o el poema. La palabra  de poder es creación, es poner en marcha esa potencia divina que hace que surja el universo y los mundos. Entre las virtudes del aedo debía estar la memoria. La memoria, en palabras de Marcel Detienne «No es solamente un soporte material para la palabra cantada, es también la potencia religiosa que confiere al verbo expresado el estatuto de palabra mágico-religiosa». El que la escucha recuerda, aprende, siente despertar su heroísmo, le impele a seguir su búsqueda, le exhorta a alcanzar el Olimpo y a imitar a los héroes: «En el cielo aprender es ver, en la tierra aprender es recordar».

      En Grecia, la verdad (alheteia), en este caso poética, está encaminada a celebrar a los Dioses inmortales y las hazañas de los hombres intrépidos, los héroes. Sobre Homero se ha discutido largamente. Sobre si presenció o no los hechos, sobre si es muy posterior a los acontecimientos que narra y no hace sino recoger el legado de la tradición, etc. Actualmente, los investigadores admiten de manera generalizada que es aproximadamente en el siglo VIII a.C., cuando se establece la forma definitiva de estos poemas tal y como hemos llegado a conocerlos. En cualquier caso, Homero quedará siempre como símbolo del transmisor de un legado para la posteridad; como voz de una gran obra no sólo poética, sino también histórica, pedagógica y mística, que fue de vital importancia en la educación de todo joven griego y romano de los siglos que le sucedieron (la gran mayoría de ellos aprendía de memoria toda la obra), y también para los que hoy podemos leerla, disfrutarla y descubrir entre sus versos el espíritu de la Grecia antigua.

      En realidad, La Ilíada es una parte de la guerra de Troya, pues empieza cuando llevan nueve años de enfrentamiento y concluye con los funerales de Héctor y Patroclo, mientras la muralla de Ilión sigue inexpugnable para el ejército heleno. En total se calcula que los acontecimientos abarcaron alrededor de doce años.  Toda la obra, desde un punto de vista filósofico, hace referencia a la relación entre las causas y sus efectos, así como a la manera en que, a su vez estos efectos se convierten en causas de otros efectos, creando una tela de araña donde cualquier parte afecta al todo. Un complejo e intrincado sistema de conexiones, donde incluso actúan los dioses. Un ejemplo:

1.- La Iliada comienza con la cólera de Aquiles. Agamenón le pide que le entregue a su prisionera, Briseida, y lo hace molesto.

2.- Por esta disputa, Aquiles se niega a luchar en la batalla.

3.- Animados por la ausencia del mejor de los héroes griegos, los troyanos vuelven con más brío y queman naves griegas.

4.- El mejor amigo de Aquiles, Patroclo, viendo el daño que los troyanos hacen a sus aliados, le implora que luche.

5.- Aquiles se niega.

6.- Patroclo le pide su armadura y sus emblemas para dar coraje al ejército griego.

7.-  Patroclo muere en combate por mano del príncipe Héctor.

8.- Aquiles es informado de la muerte de su amigo y sale al encuentro de Héctor.

9.- Héctor muere y su cuerpo es violentado.

10.- Al contemplar la muerte de Héctor, Príamo, su padre, implora que le devuelvan el cadáver.

11.- Funerales en los dos ejércitos, por Héctor y por Patroclo respectivamente.

      Todo en La Ilíada está relacionado. Es la explicación poética de la ley hindú del Karma, la ley de acción y reacción, de causa y efecto. Los dioses actúan favoreciendo en algunas ocasiones y castigando en otras, pero no son comportamientos arbitrarios, sino que responden a consecuencias de otros episodios, conocidos o no. Y entre esas fuerzas se debate el héroe: fuerte, esforzado, inteligente, con firmeza de carácter, aunque pueda sucumbir a las emociones humanas. No es un dios ni un santo. Lo que le define es el sacrificio y la heroicidad. En La Ilíada hallamos algunos de los fragmentos de amor, amistad, lealtad, compasión, astucia y elocuencia más bellos de la épica universal. Y a pesar de que fue escrita hace más de 2.700 años, refleja esos valores perennes, que forman (y no sólo informan) al ser humano. Por eso, amigo lector, desde aquí te invito a conocerla -así como a su hermana La Odisea-, para que disfrutes de un relato fantástico y a la vez real y verdadero.

      Pero cabría preguntarnos aún: ¿fue escrito motivado sólo por un afán pedagógico o, por el contrario, tiene algo de histórico? ¿Todo esto ocurrió en realidad o es una historia mitológica? Esta pregunta la respondió Heinrich Schliemann, que enfrentándose a la «razonable» opinión de los expertos que la calificaban de pura invención, creyó firmemente en su veracidad, incluso aun más: creía firmemente que él descubriría Troya.

      Este hombre controvertido y sin duda excepcional tuvo una vida bastante azarosa. Nacido en un humilde pueblo de Alemania, creció -como los antiguos griegos- escuchando de labios de su padre las hazañas de los legendarios héroes de La Ilíada. Tras una adolescencia bastante azarosa, con intensos momentos de romanticismo, fue reuniendo una inmensa fortuna hasta que un día, cansado del despiadado y mórbido mundo de los negocios, decidió dedicarse a cumplir su sueño: encontrar la ciudad más popular y legendaria de toda la historia de Occidente. Así, tras arreglar sus asuntos personales, entregó su vida por completo a la arqueología, que era aún una ciencia incipiente.

      El 30 de Mayo de 1873, después de arduas discusiones para conseguir los permisos de excavación del gobierno turco, Schliemann inició sus trabajos en una zona elegida en base a las indicaciones que Homero aporta en su obra sobre la localización y emplazamiento de Ilión. Superando no pocos obstáculos, críticas y burlas, combatiendo con la burocracia turca y con el excepticismo europeo, Schliemann halló, por fin, no sólo una ciudad, sino varias, superpuestas en los diversos estratos, en uno de los cuales halló un tesoro de 10.000 objetos de oro, que, preso de la emoción y el entusiasmo de ver renacer un mito, atribuyó a Príamo, el último rey de Troya.

      Schliemann hizo público su descubrimiento, demostrando a los «escépticos y expertos académicos» la existencia de la ciudad homérica. Desde entonces se han organizado innumerables expediciones de investigación a ese punto de encuentro con el pasado, y aún hoy en día sigue siendo objeto de estudio y análisis por los arqueólogos. Actualmente, bajo la dirección del Dr. Manfred Korfmann de la Universidad de Tübingen, con la cooperación del Dr. Brian Rose del Departamento de Obras Clásicas de la Universidad de Cincinnati, un equipo internacional de arqueólogos pasa cada verano entre los restos de la ciudad, revelando (como los antiguos bardos) la verdad sobre Troya. Ahora, Troya es quince veces más grande de lo que se creía al principio de las excavaciones y en la TROYA VII (nivel VII), que corresponde con el año 1180 a.C., han encontrado en los últimos dieciséis años restos de un conflicto bélico, numerosos proyectiles de piedra, esqueletos, etc., que aún pueden revelar que no sólo la ciudad es real, sino que el propio relato homérico sucedió en el tiempo.

      En 1998, la UNESCO declaró estas ruinas como patrimonio de la humanidad, aunque los poemas ya lo eran desde hacía largo tiempo, pues realmente fue Homero -poeta inmortalquien la convirtió en eterna.

Víctor Vilar

 

LOS AQUEOS

 

Aquiles.

      Hijo de Peleo, es tal vez el héroe griego por excelencia. Nació de un mortal y una diosa, Tetis, ninfa de las aguas. De su padre heredó el trono de los mirmidones y a la vez su mortalidad, mas su madre le sumergió en el río Estigio, haciéndole invulnerable salvo en el talón, por el que le sujetaba durante la inmersión. Cuenta otra tradición que Tetis se casó a desgana con Peleo, y los hijos que de él engendraba los arrojaba a una hoguera. Cuando nació Aquiles, su padre lo arrebató de las llamas en el momento que su talón ya ardía. Su talón fue sustituido por el del gigante Damiso, célebre por su gran velocidad en las carreras, de ahí su epíteto «el de los pies ligeros». El niño fue confiado al centauro Quirón, quien le alimentó con fieras salvajes para aumentar su valentía; además, le enseñó el tiro con arco, el arte de la elocuencia y medicina. La musa Calíope le enseñó canto y el profeta Calcante predijo que se le daría a escoger entre una vida corta y gloriosa o larga y anodina. Cuando comenzó la guerra, Tetis escondió al joven en el reino de Esciro, bajo la protección del rey Licómedes, quien lo ocultó entre sus hijas, disfrazándolo de doncella. El astuto Ulises descubrió el engaño y tendió una trampa al héroe para que luchara frente a los muros de Ilión. Disfrazado de mercader, Ulises llegó al palacio de Licómedes y ofreció un gran cofre lleno de regalos a las princesas. Entre telas, joyas y perfumes también había espadas y dagas. Una de las niñas se acercó y eligió sin dudar una espada fantástica. Era Aquiles, que ya había elegido qué tipo de vida quería tener.

 

Ulises

      Rey de Itaca. No es más fuerte que los demás héroes griegos, pero el valor no le falta y con su ingenio siempre sabe encontrar la forma de salir airoso de los peligros y pruebas de la vida. Atenea, la diosa de la guerra inteligente, le acompaña y le ayuda en esos trances. Él consiguió por su inteligencia encontrar a Aquiles y suya fue la idea del caballo de madera con el que los griegos consiguieron ganar la guerra, mas su nombre será recordado siempre por La Odisea, el segundo poema firmado por Homero que relata el azaroso viaje del héroe después de la guerra de Troya para llegar a su patria, Itaca. En este viaje mitológico el héroe se enfrenta a un sinfín de peligros, magas y seres fabulosos que tratarán de impedir que alcance su destino.

 

Ayax

Hijo de Telamón. Después de Aquiles, el más valiente de los griegos. Muerto aquél, Ulises y Ayax se disputaron las fabulosas armas del héroe, realizadas por el dios Hefaistos. Los dos narraron sus méritos y hazañas, triunfando por fin la elocuencia de Ulises. Ayax, lleno de desesperación por una decisión que creía injusta, en una noche delirante asesinó a unos corderos y ovejas que confundió con Ulises y otros héroes. Cuando volvió en sí, viendo las risas de los soldados, empuñó su espada contra sí mismo. En el lugar donde su sangre regó la tierra, brotó un jacinto, flor dedicada a este héroe.

 

Menelao

Rey de Esparta.  Los dos hermanos fueron desterrados de su tierra por el asesino de su padre (Atreus, de ahí que se les llame los «Atridas») y se refugiaron en Esparta, en la corte de Tindáreos y Leda. Estos tenían dos hijas: Helena y Climenestra. Helena era cortejada por muchos príncipes debido a su legendaria belleza, mas ella eligió a Menelao. En las nupcias fue Ulises quien consiguió que los demás pretendientes se conformasen con la decisión, y además que se juramentaran para defender el honor del elegido como esposo. Años después, Helena será la causante de la reunión de tantos griegos, unidos por ese pacto contra Troya. Después de la guerra, cuando Menelao regresó con Helena, vivieron largos años de felicidad, por lo que se  les consagró un santuario doble, cerca de Esparta (Terapné), en el que los hombres iban a pedir vigor, mientras las mujeres solicitaban hermosura y gracia.

 

Agamenón

Rey de reyes, soberano de Micenas, fue el héroe que acaudilló a los griegos contra Troya. Hermano del mancillado Menelao (le habían arrebatado a su esposa Helena) fue el que aportó al contingente heleno más hombres y barcos, por lo que fue elegido como el jefe de los griegos. Como héroe, destaca de los demás por su enorme estatura y cuentan en la Iliada que su penacho destacaba en todo el ejército. A su regreso fue asesinado por su esposa Climenestra y Egisto.

 

LOS TROYANOS

 

Héctor

      Hijo del rey Príamo, príncipe de los troyanos y su máximo caudillo, es uno de los héroes que iguala en valor, destreza, fuerza y estrategia a los mejores griegos, y es el protagonista troyano por excelencia. Su muerte asesta un duro golpe al ejército, que desde la ciudad contempla a Aquiles arrastrando el cuerpo desnudo de Héctor. Aquiles, al principio, no quiso entregar el cuerpo al rey Príamo, mas apiadándose de las lágrimas del anciano, aceptó. Con el funeral de Héctor concluye La Ilíada.

 

Príamo

      Rey de Troya. Realmente se llamaba Podarces. Durante su infancia la ciudad de Troya había sido invadida por Heracles, quien se llevó prisionero al joven príncipe. Los troyanos suplicaron su liberación y ofrecieron un rescate que Heracles aceptó. De ahí el nombre de Príamo, «el que ha sido vendido». Príamo se casó en segundas núpcias con Hécuba, con la que tuvo al mayor número de sus hijos y los más famosos: Héctor, Paris, Creúsa, Laódice, Polixena y Casandra. El papel de Príamo en La Ilíada es secundario, pues se limita a presidir los consejos dejando el mando directo de la ciudad y la guerra a su hijo Héctor. Cuando el ejército de Agamenón entra en Troya, el anciano rey y su esposa se refugian en el altar y mueren bajo la espada del hijo de Aquiles, Neptolemo.

 

Paris

      Hijo de Príamo, nació bajo un mal augurio. Cuenta la tradición que su madre, antes de alumbrarlo, soñó que llevaba en su seno un carbón encendido que prendería el palacio y la ciudad. A raíz de esta revelación, Príamo mandó matar a su hijo, pero el oficial, apiadado del niño y de las lágrimas de Hécuba, lo escondió en el monte Ida (en Creta). Allí fue creciendo hasta que el mismo rey Príamo le reconoció en unos juegos atléticos y le dio la bienvenida a Troya. Tiempo más tarde, el rapto de Helena haría que el destino se desencadenase y los augurios de un futuro de desdichas y sufrimientos para Troya comenzó a cumplirse.

 

Eneas

      Fue un príncipe troyano que después de defender con valor la ciudad, partió junto a otros ciudadanos en busca de nuevas tierras. Con el tiempo se convirtió en el fundador mítico de Roma, pues Rómulo y Remo eran sus descendientes. Esta historia fue narrada por Virgilio en La Eneida.

 

ELLAS…

Andrómaca

      Esposa de Héctor, es un ejemplo de virtudes sociales, pero destaca sobretodo en el amor que profesa a su marido, una devoción tal que incluso era la única que daba de comer y limpiaba sus caballos, imprimiendo en sus actos toda la magia del amor para que Héctor resultase indemne. La despedida, antes de la muerte del héroe, es uno de los pasajes más hermosos de La Ilíada.

 

Casandra

      Hija de Príamo, había prometido a Apolo, dios de los Augurios, que se casaría con él si le otorgaba el don de la profecía. Pero cuando Apolo se lo entregó, ella retiró su palabra y el dios, como castigo, declaró que nadie daría crédito a sus predicciones. Así ocurrió. Anunció las desgracias y la destrucción de Troya, y sin embargo no le hicieron caso, se burlaron de ella y la encerraron en una torre.  Cuando trató de impedir que los troyanos metieran el caballo de madera, nadie se preocupó de sus amenazas. Ya acabada la guerra, Agamenón se la llevó a Micenas; antes de llegar, Casandra le predijo la muerte en su ciudad. Agamenón tampoco la tomó en serio. Esta fue su última profecía.

 

Penélope

      Hija de Príamo, había prometido a Apolo, dios de los Augurios, que se casaría con él si le otorgaba el don de la profecía. Pero cuando Apolo se lo entregó, ella retiró su palabra y el dios, como castigo, declaró que nadie daría crédito a sus predicciones. Así ocurrió. Anunció las desgracias y la destrucción de Troya, y sin embargo no le hicieron caso, se burlaron de ella y la encerraron en una torre.  Cuando trató de impedir que los troyanos metieran el caballo de madera, nadie se preocupó de sus amenazas. Ya acabada la guerra, Agamenón se la llevó a Micenas; antes de llegar, Casandra le predijo la muerte en su ciudad. Agamenón tampoco la tomó en serio. Esta fue su última profecía.

 

Helena

      Hija de Leda y Zeus, la mujer más hermosa de la tierra y la causante de la destrucción de Troya. Pero la historia comienza un poco antes. Eris, la discordia, no había sido invitada al banquete de bodas de Peleo y Tetis (padres de Aquiles) e indignada acudió provocando la discordia. Mientras los Olímpicos escuchaban a Apolo tañendo la lira, Eris arrojó una manzana de oro con una inscripción que decía: «Para la mejor y más bella». Las diosas comenzaron inmediatamente a «disputar» por el derecho a quedarse el regalo: Hera, esposa de Zeus,  protectora de los matrimonios; Atenea hija de Zeus, poderosa guerrera, de gran sabiduría y destreza en las bellas artes, y, por último, Afrodita, la diosa del amor y la belleza. Ninguno de los Dioses se atrevió a mediar en la contienda y decidieron delegar tan delicada decisión en un mortal. Paris fue el elegido; hijo del rey Príamo de Troya y de su esposa Hécuba, que se encontraba en Creta, en el monte Ida. Las diosas le ofrecieron toda clase de bienes. Hera, le prometió reinar sobre Asia y Europa; Atenea habilidad y fama, y Afrodita a la mujer más bella del Egeo. Paris, enamorado de la belleza más que de la fama, el gobierno, o cualquier otra cosa, decidió que la manzana debía ser para Afrodita.

      Algunos días después partió para Troya pasando por Esparta, donde Helena residía con su esposo Menelao, y al verla despertó la ciega pasión. Helena no puso ningún obstáculo al rapto cegada por el hechizo de Afrodita, desencadenando la furia de su marido y los demás príncipes griegos que, ofendidos, se hicieron a la mar.

 

 

ERRORES DE CINE:

      La última versión cinematográfica de Troya ha vuelto a despertar el interés por esta vieja historia de la tradición griega. Sin embargo, por exigencias del guión, del tiempo y de los protagonistas, han omitido numerosos detalles y han cambiado otros tantos... bastante importantes. Estos errores en las películas de ficción no dejan de ser adaptaciones más o menos interesantes, pero en el caso de la historia de Troya y su caída, de sus héroes, hace que aquellos que no han leído La Ilíada tengan una visión equivocada de la epopeya, tergiversando así la verdadera historia, que es «cultura» clásica.

 

1. Aquiles sostiene un romance con una princesa troyana llamada Briseida.

Verdadero a medias, porque no se sabe si Aquiles es correspondido por Briseida. Es cierto que Briseida era una princesa troyana ganada como botín y éste la convirtió en su favorita. Agamenón la exigió para sí y Aquiles, cediéndola de mala gana, se negó a combatir. Aquiles dice: «¿Acaso son los Atridas los únicos hombres de voz articulada que aman a sus esposas? Todo hombre bueno y sensato quiere y cuida a la suya, y yo apreciaba cordialmente a la mía, aunque la había adquirido por medio de la lanza».

 

2. Menelao muere a manos de Héctor.

Falso. Hay un momento de La Ilíada que estuvo a punto de luchar con él, pero desistió a causa de sus compañeros de armas. Menelao regresó a Esparta tras recuperar a Helena.

 

3. Existía una espada en Troya como símbolo de la historia y virtudes de la ciudad.

No existió tal espada.

 

4. ¿Cuánto dura la guerra de Troya?

En la película da la impresión de que durase un mes, y realmente fueron entre diez y doce años de conflicto.

 

5. El aspecto de Agamenón.

Homero describe a los reyes como personas atléticas y fuertes. Todos los héroes de La Ilíada, y sobre todo los reyes, son hombres de cualidades físicas excepcionales.

 

6. Aquiles muere de varios flechazos en el cuerpo.

No exactamente. Ya hemos contado la historia de su talón, pero además (y sobre todo) Aquiles no vio caer la ciudad de Troya, ni estuvo entre los que se introdujeron en el gran caballo de madera y quemaron la ciudad, pues murió antes.

 

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