Cartas a un joven idealista

Tras la larga experiencia que tengo dando clases de introducción a la filosofía, he decidido escribir una serie de artículos dedicados a los jóvenes ·que se acercan curiosos e ilusionados a ella buscando respuestas.A esos jóvenes que comienzan a despertar al mundo de Sophia, que sueñan con desentrañar ese gran misterio que es 1a vida; a aquellos que muchas veces ni siquiera saben muy bien cómo plantear sus propias pregunta.s y que llegan a dudar si sus preguntas tienen realmente alguna importancia o son tonterías, ya que aún no tienen muy definido lo que quieren saber o buscar y, más que preguntas, lo que tienen es una gran necesidad de respuestas, de comprender el mundo que les rodea y, sobre todo, de comprenderse a sí mismos. Pero no saben muy bien por dónde empezar.

Para ello fabricaremos con nuestra imaginación un personaje entrañable, a nuestro gusto, un joven muy sensible que mira con ojos asombrados el mundo que le rodea, un joven apasionado, que siente bullir la vida dentro de sí mismo y que a veces estalla en un torbellino de sensaciones gene­ralmente incomprensibles. Un joven que todavía no tiene mucha experiencia en exponer sus pensamientos con palabras exactas y precisas, un hombre o una mujer a los cuales hay que ayudar a que extraigan de sí mismos toda l a savia de sus  almas jóvenes.

Tengo que confesaros que estoy profundamente enamorada de esos jóvenes soñadores, de esos jóvenes patitos feos, incomprendidos muchas veces, rebeldes otras, inconformistas casi siempre, pero sin lugar a dudas, siempre un poco locos y aventureros, que sueñan con realizar su peregrinaje al desierto, como el alquimista, en busca de su histo­ria personal, que quieren volar más alto y ser  libres como Juan Salvador Gaviota, o que anhelan un maestro y una mística auténtica, como Sidharta. Un hombre o una mujer joven como esos que fuimos nosotros, hombres y mujeres adultos , responsables e incluso a veces hombres serios (como diría el Principito), que miramos hacia   nuestro propio pasado, unos con cierta nostalgia por lo perdido, otros con orgullo de haber sido así y seguir siendo así todavía en el fondo…

Nuestro joven buscador de prodigios, nuestro audaz soñador, se llamará algo tan sencillo como Jorge, porque estoy convencida de que son muchos los Jorges que despiertan cada segundo que pasa. Porque sé que a lo largo de la Historia han sido muchos los Jorges que con el correr del tiempo han llegado a escribir hermosas páginas en todos los capítulos del gran libro de la vida. Porque sueño con que sean muchos los Jorges que vengan a ocupar nuestro sitio en e1 futuro, más conscientes que nosotros, los adultos de hoy, más vitales, más auténticos y sin que el tiempo consiga hacerles perder ni un átomo de brillo en la mirada, ni un ápice de entusiasmo en sus corazones, sino todo lo contrario: que estén bien dispuestos a renovar las formas caducas y los tiempos viejos en un futuro esperanzador y en una realidad accesible a todos  sin distinción de ningún tipo.

Así, a vosotros, mis jóvenes Jorges, os dedico mi tiempo, mis pensamientos, mis sueños, mis esfuerzos por no defraudaros y mi poca o mucha experiencia que, os aseguro, ha sido recogida cuidadosamente con una sola ilusión: aligeraros el camino y demostraros que el tiempo no siempre es sinónimo de vejez…

A partir de ahora comenzamos nuestro vuelo por esas regiones misteriosas del Alma, con sus enigmas. con sus miedos (¿por qué no?) y también con sus prodigios, pues qué mayor prodigio qué poner un poco de luz en el fascinante misterio de la vida. Cuento con vosotros.

P.D. ¿Os cuento un secreto? … la edad no importa.

Herminia Gisbert

Primer artículo de la serie “Cartas a un joven idealista”, publicado en El mundo de Sophia nº1