El significado de los sueños

Para la psicología convencional de principios del siglo XX, el alma no tiene entidad per se, y sus manifestaciones, es decir, los pensamientos, las emociones, los sueños, los anhelos, son considerados meras secreciones de las glándulas del cuerpo o epifenómenos. Jung recupera la triple composición clásica del ser humano: espíritu, alma y cuerpo, que fue común a todas las culturas antiguas y que Platón desarrolló de una forma completa y exhaustiva en sus Diálogos. De esta manera, a partir de Jung, al igual que el cuerpo, el alma también  tiene entidad por sí misma y funciones propias.

   Una de las manifestaciones propias del alma humana son los sueños. Todos soñamos, lo recordemos o no, y a juzgar por la cantidad de horas que le dedicamos a esta actividad psíquica, es lógico que tenga alguna importancia relevante en nuestras vidas, ya que todo en la naturaleza tiene un sentido, una función, no hay nada inútil o que sobre. Solemos recordar algunos o muchos de nuestros sueños, a veces por lo bonitos y mágicos, otras por lo terroríficos e inquietantes, y las más de las veces por su curioso mundo tremendamente plástico, en donde el espacio-tiempo se deforma y transforma, las figuras cambian rápidamente y podemos volar y realizar actos que en vigilia seríamos incapaces ¿Quién no se ha despertado alguna vez en la noche bañado en sudor, o levantado agotado, o con una sonrisa en la boca, y todo por un sueño? ¿Qué son entonces los sueños? ¿Para qué sirven?

   El interés por el conocimiento del enigmático mundo de los sueños no es algo nuevo, encontramos muchas referencias a ellos en el mundo antiguo: sueños proféticos, sueños oraculares, o curativos, como se daba en Epidauro (Grecia), donde había un gran centro dedicado a la medicina en el que se utilizaba el sueño para curar (incubatio). Freud, anterior a Jung, ya había comenzado algunas investigaciones sobre la importancia de este fascinante enigma humano. Jung, que le dedicó mucho esfuerzo, tanto en el terreno de la investigación como en el de la práctica en la experiencia clínica, no le dio tanta importancia a las causas, y lo que más le interesó fue el para qué, cuál era la función y finalidad del sueño. Para Freud el sueño persigue la realización de los deseos que en estado de vigilia no pudieron ser posibles y la protección del estado durmiente. Para Jung, sin eliminar parte de esa función, que para él sólo lo es subsidiariamente, el objeto principal del sueño está en relación con la vida consciente, pues los sueños se comportarían como compensación que realiza nuestro inconsciente de la situación consciente que estamos viviendo en ese momento, provocándonos el despertar si el mensaje es importante.

   El sueño nos llama la atención sobre cosas que descuidamos a la luz de la conciencia. La conciencia es la capacidad de percepción que el hombre tiene de la realidad, y esta percepción, por distintos motivos, suele ser bastante pobre. A nuestro alrededor y en nuestro interior pasan muchas cosas, pero no siempre las percibimos o somos conscientes de ellas, ya sea por desconocimiento o por falta de atención o de memoria, pero no por ello las cosas dejan de pasar, son una realidad. De esta manera, para Jung, todo lo que no percibimos conscientemente, sí que es percibido, en cambio, por el inconsciente, ese gran archivo que recoge toda la información exterior e interior desde que nacemos hasta el momento actual: sensaciones, emociones, pensamientos, intuiciones, imágenes, etc. Es como un gran desván donde se amontonan en la oscuridad todas aquellas experiencias psíquicas de las que no nos dimos cuenta (falta de atención), o más importantes aún, las que no quisimos ver y las que fueron tan dolorosas que las quisimos olvidar. La conciencia es solamente la vanguardia de nuestro ser psíquico, pero éste es mucho más amplio, profundo y desconocido de lo que imaginamos.

   El sueño deriva de la actividad del inconsciente, dándole acción a los contenidos que en él duermen. Pero no a todos, sino a aquellos que tienen que ver con el momento consciente por el que estamos pasando, que por la vía de la asociación, el inconsciente selecciona, actualiza y cristaliza. El sueño nos revela un aspecto inconsciente y complementario del consciente, que al poderlo interpretar nos ayuda a conocernos mejor a nosotros mismos, contribuyendo al gobierno del individuo, rescatando contenidos reprimidos, despreciados o ignorados, expresados en un lenguaje onírico, en forma de alegorías, parábolas, etc.

   El plano psíquico tiene sus propias leyes, y vivir sin respetarlas es como vivir sin respetar las leyes físicas. Así como el cuerpo reacciona de forma espontánea y adecuada a una herida, a una infección o a un modo de vida antinatural, así también las funciones psíquicas reaccionan a los comportamientos perturbadores, equivocados y peligrosos, con medios de defensa apropiados y espontáneos, por mucho que los desconozcamos. El sueño forma parte de estas reacciones oportunas, introduciendo en la conciencia, gracias a un ensamblaje simbólico, los datos desarrollados por el inconsciente para compensar nuestra situación consciente.

   A los sueños no hay que infravalorarlos ni sobre valorarlos. Simplemente existen cosas que están tan mal aspectadas en la vida consciente que el inconsciente las domina mejor. Cuando la actitud consciente es adecuada los sueños serán compensadores, pero cuando la vida del individuo se aparta de la norma y su actitud consciente, tanto objetiva como subjetivamente, es errónea, la actitud del inconsciente toma rango de otras funciones, susceptibles de imprimir en el consciente actitudes diferentes.

   El mundo plástico y rico en imágenes de los sueños suele confundirnos en cuanto a si los objetos y personas que en ellos aparecen coinciden con los del mundo de vigilia. Para aclarar este tema, Jung nos dice que el contenido de nuestros sueños son proyecciones simbólicas en formato de imágenes, que cada uno realiza personal e intransferiblemente del contorno de nuestras vidas. Cuando soñamos con el señor X no quiere decir que sea realmente el señor X, sino que es la proyección que nosotros hacemos del mismo, proyección que se ha formado en nuestro fuero interno y compuesto por factores subjetivos. Las figuras de los sueños son rasgos personificados de la personalidad del sujeto que sueña. El sueño es ese teatro donde el que sueña es a la vez el escenario, el actor, el apuntador, el director, el autor y el crítico. Las imágenes, aunque están vestidas en forma de personas allegadas u objetos conocidos, son los disfraces de las distintas partes integrantes de nuestra alma, y cuando hay representaciones en nuestros sueños, son nuestras representaciones, que se agrupan de tal o cual forma y sentido, no por motivos exteriores a nosotros, sino por movimientos de nuestra alma, para ayudarnos a comprendernos mejor, a ser más conscientes.

   En los sueños aparecen a veces elementos que escapan a estas representaciones personales. Jung descubrió, en los casos que estudió personalmente y en los de otros colegas, que a veces aparecían contenidos simbólicos que rayaban más el mundo mítico que el onírico corriente. Desde episodios mitológicos que se podían constatar como verídicos y pertenecientes a alguna mitología lejana en el espacio y/o el tiempo, y con la cual el sujeto no había tenido contacto, o episodios míticos, arquetípicos, universales y comunes a todas las mitologías, como el del héroe venciendo a un animal de talla gigante (San Jorge y el Dragón, Marduk y Tiamat, Horus y Set, Apolo y Pitón, Mitra y el Toro, Teseo y el Minotauro).

   Hasta ahora habíamos tratado la capa psíquica del inconsciente personal, en donde el material que no cabe a la luz de lo consciente se esconde en la sombra, y que por asociaciones, se pone en contacto con la capa consciente a través de los sueños. Pero Jung descubrió -o mejor dicho, redescubrió-, una capa más profunda de la psique, más allá del inconsciente personal: el «inconsciente colectivo». Esta capa es común a toda la humanidad, es atemporal, prenatal y postmortem; contiene la herencia espiritual de toda la humanidad y sigue engrandeciéndose con el paso de las generaciones. Se manifiesta en los sueños a través de un lenguaje simbólico, que es por naturaleza atemporal, concretamente en forma de arquetipos, que son las imágenes de ese mundo. Jung había profundizado en el estudio comparado de las mitologías, las tradiciones místicas y el desarrollo exhaustivo que hace Platón en sus Diálogos, en donde aparecen los mismos arquetipos y el correspondiente plano atemporal en el que moran. Pero después pudo comprobar que además de poder contactar con ellos conscientemente a través de la intuición, todo ser humano contacta de manera natural a través de los sueños, recuperando un saber y una experiencia milenarios que nos pueden ayudar a encontrar respuestas a nuestras inquietudes, dudas y problemas, y cuyas soluciones no llegamos a encontrar con la conciencia ordinaria.

 Tipos de sueños según las funciones que desarrolló Jung

 · Sueños compensadores: constituyen una autorregulación del organismo psíquico. El inconsciente añade, en su dependencia del consciente, elementos que en vigilia no han llegado al umbral consciente.

 · Sueños prospectivos: bajo la forma de anticipación del inconsciente, evoca al consciente esbozos de planes futuros, y en su contenido simbólico encierra la solución a nuestros conflictos. Son más parecidos a los pronósticos del tiempo que a los sueños proféticos, ya que se trata de meras probabilidades que luego pueden o no concordar con lo que pasará realmente. Sin embargo, a veces el inconsciente, en los sueños, está en mejores condiciones para realizar pronósticos, pues reúne elementos subliminales, conjuntos de sensaciones, sentimientos y pensamientos, que, a causa de su relieve difuso, han pasado desapercibidos.

 · Sueños reductores: esta función del inconsciente actúa en personas que por estar inmersas en una forma de sociedad o grupo, tienen que adoptar comportamientos que están a un nivel superior al que les corresponde por naturaleza y temperamento. Por ejemplo, al espejismo de grandeza, que da una autoimportancia falaz, se disipa al contacto de un sueño reductivo, analizando en un sentido crítico y despiadado el equivocado comportamiento consciente, sacando a la luz nuestras pequeñeces y debilidades. De esta manera, el inconsciente ataca a las actitudes inadecuadas, no a la personalidad total, pues no olvidemos que los sueños tienen una función finalística de adaptación del individuo, de crecimiento personal.

 · Sueños reactivos: son sueños en los que se reproduce de una manera nítida episodios de nuestra vida poderosamente afectivos en la vida consciente: un accidente, una herida de guerra, en donde ha habido incluso lesiones físicas. En este caso se van a repetir hasta que el elemento traumático, que era autónomo, se integre en la psique o se extinga.

 · Sueños telepáticos: en ellos captamos, más allá de la distancia, sucesos que están ocurriendo objetivamente: una defunción, una carta, una noticia, etc.

 · Sueños proféticos: son sueños que anticipan sucesos futuros, pero que luego son constatables en todos sus pormenores, pues si no es así, son sólo prospectivos.

 

Antonio Marí