Jaume Mir, la escultura como expresión de una cultura

El gran cronista plástico de Mallorca nos habla de cómo su arte va unido con el pasado de nuestra isla, rememorando a través de sus esculturas a los hombres que marcaron su paso en la historia de las Baleares

Fue al ver la exposición de Jaume Mir en la Lonja de Palma cuando surgió la idea de esta entrevista. Sus esculturas están saturadas de una fuerza y de un movimiento contenido que capta el alma de los personajes, la cual puja por revelarse ante los ojos del observador.  Aunque tardamos algunos meses en cumplir nuestro propósito, allí estábamos, pulsando el timbre de su taller. Al cruzar el umbral de la puerta nos daba la bienvenida Jaume Mir, acompañado de su fiel perro «Platón» que zigzageaba su rabo entre decenas de bocetos de arcilla que colmaban las estanterías de todas las paredes del taller. Mientras las presentaciones se sucedían, nuestros ojos iban quedando hipnotizados por aquellos honderos, Llulls, Turmedas y otro sinfín de diminutos personajes que el genio mallorquín de la escultura ha sabido congelar en las más expresivas posturas.

 

    Después de hablarnos unos instantes de su último trabajo -una estatua de Joanot Colom de 2´35 metros, el que fuera el jefe del movimiento popular de Ses Germanies-, comenzamos a desvelar el alma del escultor. «Platón», el manso can, parecía estar algo celoso de compartir a su amo, por lo que de vez en cuando tuvo que reprenderlo.

  – ¿Cuándo apareció en usted la vocación por la escultura?

 – Como sabéis, soy natural de Felanitx, y a los ocho años tuve que comenzar a trabajar de «picapedrer» sin poder ir a la escuela, ya que en casa hacía falta el dinero. A los doce o trece años, trabajando en la montaña de San Salvador, donde Don Tomás Vila hacía la titánica estatua del Cristo, me hice amigo suyo. Por aquel entonces yo no conocía la palabra escultura, pero cuando vi su taller, me entusiasmé tanto con los trabajos que allí se hacían, del proceso que se seguía antes de hacer la estatua…, que desde entonces los sábados y domingos me puse a modelar en casa. Fue en esa época cuando comencé a soñar que iba a ser escultor.

 – ¿Qué formación tuvo?

 – Como mi familia era humilde y no podía dejar de percibir el jornal que yo ganaba, tuvo que ser el Canonge de Felanitx el que, al ver lo que yo hacía en mis ratos libres, me ayudó a encontrar en Palma  un hospedaje para estudiar en la escuela de Artes y Oficios. Por aquel entonces tenía diecisiete años y ya me consideraba a mí mismo como un individuo viejo. Comencé a estudiar dibujo y creí que los profesores me darían buenos consejos, pero pronto vi que si yo no me ponía a trabajar, bien poco me podían enseñar. Casi inmediatamente pensé en ir a Madrid en busca de verdaderos maestros. Con dieciocho años, mis «espardenyes de corda» y chapurreando unas pocas palabras en castellano, gané la única beca que se otorgaba a tal efecto cada cinco años y me fui a Madrid a estudiar Bellas Artes. Allí me encontré básicamente con lo mismo que me había encontrado en Palma:  lo que dicen los profesores está bien, tienen razón, pero es uno mismo quien tiene que ponerse a trabajar, a pintar, a modelar, a dibujar, a esforzarse. 

 – ¿Puede contarnos alguna anécdota de su estancia en Madrid?

 – El segundo día de clase de modelaje, sin haber dado yo ninguna en Palma, ante un modelo de un busto, noté que estaban todos mirándome, sobre todo el profesor. Temí lo peor, que se rieran de mí porque era pueblerino, novato y tenía mis herramientas hechas de caña. Luego comprendí que no me miraban por eso, sino que mientras los otros estaban colocando todavía la arcilla, yo ya había terminado el trabajo y bastante bien logrado.

 – ¿Qué artistas le han influenciado?

 – Yo he sido un individuo que no me he dejado influenciar, por lo que tampoco tengo un estilo concreto. Yo admiraba mucho a mis maestros, sus esculturas, pero no recibí ninguna influencia de sus estilos: su tipo de escultura no se parece a la mía. En general, me considero heredero de la escultura mediterránea.

 – ¿Por qué su obra está centrada en personajes de la historia de las islas?

 – Todas las ciudades tienen sus cronistas literarios. Yo me he querido constituir en cronista plástico de nuestra tierra, y esto creo que no lo hay en ningún sitio. Hace unos quince años, cuando me jubilé como director de la Escuela de Artes y Oficios, me propuse hacer sólo temas de nuestra tierra: Ramón Llull, Anselm Turmeda, Joanot Martorell, Jafuda Cresques, Juníper Serra, Guillem Sagrera, etc., aquellos personajes que han contribuido de alguna manera en la historia de la islas.

 – Acto seguido nos muestra unos bocetos de Anselm Turmeda conversando con un asno, inspirado en el famoso diálogo de dicho escritor sobre la superioridad del hombre o del animal… ¿Cuántos personajes debe de haber  modelado en su vida?

 – ¿Personajes…? Unos doscientos, creo yo.

 – Son muy conocidos sus honderos baleares… ¿tiene algún amor especial por ellos?

 – Sí, de hecho la primera obra que hice como escultor novel cuando estaba estudiando en Madrid fue un hondero, y desde entonces he hecho muchos y se han universalizado. Los hay en muchos sitios de Palma: la Universidad, el Parlament, los jardines del Rey, etc. En el exterior lo tienen personajes como el Rey, el Papa, Félix Pons, monarcas asiáticos…Yo he modelado escenas cotidianas de todo lo que hacían los honderos: cazar, construir talaiots, etc. Con Herodoto y otros clásicos por un lado, y con Mascaró Passarius por otro, aprendí todo sobre el hombre prehistórico de las islas.

 – ¿Cómo se inspira?

 – Yo creo que la inspiración ha sido a veces muy idealizada por los poetas, pintores, etc. Yo creo que la inspiración viene trabajando, haciendo bocetos, muchos bocetos. No sólo uno, sino muchos, al menos así lo creo yo. Sé que otros sólo hacen uno, pero yo tengo una imaginación desbordada y necesito hacer muchos, lo que ha provocado que haya escultores que han llegado a afirmar que soy el mejor bocetista de España.

 – Le preguntamos por uno de los diez o doce bocetos que había en la mesita más cercana. No sólo nos respondió que se trataba de la Balanguera, sino que nos realizó una amplia exposición filosófica sobre su significado y su singularidad. Y es que Jaume Mir ha roto todos los esquemas, centenarios ya, de la forma en que hay que representar a este emblema de nuestra tierra. Por lo que veo, además de escultor es usted filósofo.

 – Bueno, cuando yo me decido a hacer una obra, lo primero que hago es documentarme muy bien: en mi biblioteca (de más de dos mil volúmenes), en las bibliotecas públicas, etc. Primero me informo de cómo es ese personaje, de sus obras, etc. Así que cuando llega la hora de la ejecución, ya he hecho todas mis reflexiones, ya lo he imaginado.

 – ¿Existe algún continuador de su estilo?

 – No hay un individuo que siga mi sistema, puesto que siempre enseñé a que cada cual sacara de dentro su propio estilo, que no busquen copiar a nadie. Alumnos he tenido muchos, fui durante muchos años profesor y luego director de Artes y Oficios.

– Algún sueño que todavía no se haya cumplido?

– Sí, que se abra aquí una Escuela Superior de Bellas Artes.

Pepa Vélez