Mikhail Piotrovsky. Director del museo Ermitage

DIRECTOR DEL MUSEO DEL ERMITAGE

El Dr. Piotrovsky lleva casi una década trabajando al frente del Museo del Ermitage, considerado uno de los 10 mejores museos del mundo. Sus amplios estudios y el haber desarrollado trabajos de campo in situ, unido a sus dotes administrativas, le han permitido mantener el nivel del Museo y acrecentar su labor divulgadora y educativa.

 

Nacido en Armenia en 1944, creció entre las salas del museo, ya que su padre, Borisovich Piotrovsky, fue un eminente arqueólogo y director del Ermitage de 1964 a 1990. Su madre, Hripsime Djanpoladjan, también es arqueóloga. Estudió en la facultad de Estudios Orientales de la Universidad Estatal de San Petersburgo, especializándose en estudios arábigos en 1967. También estudió en la Universidad de El Cairo de 1965 a 1966 y obtuvo su doctorado en historia como investigador principal del Instituto de Estudios Orientales. Ha recibido numerosas condecoraciones, entre las que destaca la Orden de Orange Nassau de Holanda, en 1996, y la Orden Rusa de Honor, en 1997. En el mismo año, un planeta fue bautizado con el apellido Piotrovsky, en honor a su padre y a él.

 

 

 

– Llegar a dirigir un museo de tanta relevancia no debe ser cosa fácil ¿Qué caminos de la vida le condujeron hasta aquí?

 

 – Mi padre era un arqueólogo famoso y fue director de este museo durante 26 años, así que desde mi infancia sabía de sus expediciones y le acompañé en muchas de ellas. Sabía también, ya entonces, que quería ser historiador, arqueólogo y científico, nunca imaginaba que sería algo difícil. Elegí estudios arábigos y semíticos y estudié en la Facultad Oriental de la Universidad de San Petersburgo y también en El Cairo. Luego empecé a trabajar con manuscritos arábigos y en expediciones arqueológicas. Así que era una perfecta elección de profesión. Si tuviera que elegir otra vez, elegiría la misma profesión… aunque hubiese tenido un montón de dinero y no necesitara trabajar para ganarme la vida, preferiría también hacer estudios orientales y arqueología.

 

 – Dirigir un museo ¿es la realización de su meta personal?

 

– Bueno, depende de lo que se entienda por dirigir un museo. Ser administrador no puede ser nunca la meta de un investigador, pues su objetivo es hacer algo por la ciencia y por la humanidad. He escrito un montón de libros, soy miembro de la Academia Rusa y he alcanzado todos los grados científicos posibles. También he dirigido una expedición en Yemen durante varios años. La meta de mi vida es la investigación, escribir buenos libros, hacer nuevas investigaciones. Eso se puede hacer en diferentes campos y uno de ellos es mi trabajo con el museo, manteniéndolo como uno de los mejores del mundo. Esa es la meta y por eso creo que la meta de mi vida la he logrado. Tener un científico que ha estado a pie de campo y que ha hecho investigación por sí mismo es la mejor persona para sacar adelante el museo ¿no? También tiene que ser un buen administrador, pero es absolutamente necesario ser investigador para que un museo se desarrolle y no se convierta en una institución comercial, en vez de educativa.

 

 – ¿Qué hace tan único al Ermitage?

 

 – Pienso que uno de los aspectos más destacados es la combinación de grandes colecciones de arte con un espacio que está lleno de recuerdos de historia rusa, ya que está dentro de un palacio. Así que en cada parte del Ermitage tenemos un sentimiento de la historia rusa: Pedro el Grande, Caterina la Grande, Alejandro I, Alejandro II, etc. Cuando das una vuelta por el museo ves reconocidas obras de arte: los cuadros de Rembrandt, los de Rubens, los de Matisse, y al mismo tiempo sientes la historia rusa y cómo se ha desarrollado aquí, en estos edificios, y recuerdas qué episodios de la historia se cuentan de ellos. Esta conexión es extremadamente importante para el visitante y para el entendimiento del museo, pues se ha convertido en un gran símbolo para Rusia y para el mundo. Muchos grandes museos son simbólicos para sus países. Durante los siglos XIX y XX y durante le guerra, El Ermitage se convirtió en un símbolo de excelencia, un símbolo de orgullo de Rusia. Por ello, El Ermitage está bajo el patronazgo personal del presidente de Rusia, no sólo porque es un gran museo, sino también porque es un símbolo de la historia rusa.

 

– ¿El museo está bajo la autoridad directa del presidente?

 

– Patronazgo, no autoridad directa, aunque tenemos una línea separada del presupuesto del estado. Esa catalogación de patronazgo es un gesto simbólico que ha elevado nuestro estatus.

 

– ¿Esa catalogación permite obtener más subvenciones?

 

–  No directamente, aunque siempre estamos intentando conseguir más fondos.

 

– ¿Es un problema para El Ermitage obtener subvenciones?

 

–  Es un problema de cualquier museo, como todo el mundo sabe. Actualmente generamos el 55% de ingresos nosotros mismos. El 45% de nuestro presupuesto anual lo aporta el estado. Pensamos que no es suficiente. Más o menos el 70% debería de ser aportado por el estado y el 30% restante generado por el museo. Estamos trabajando en esa dirección y espero que las cosas cambien. Será difícil, pero no es tan trágico como lo era hace seis años. Entonces era, simplemente, una tragedia, porque el dinero prometido por el gobierno no llegaba. Durante los últimos dos años nos han dado todo lo que nos han prometido. No es mucho pero hay posibilidades de obtener un poco más y las cosas van mejorando poco a poco.

 

– ¿Cuál es, en su opinión, la pieza más sobresaliente que hay en el museo?

 

– Debo decir que hay tantas piezas sobresalientes que resulta difícil decir cuál. Uno que aprecio mucho es El regreso del hijo pródigo, de Rembrandt. Está llena de arte, de filosofía, es algo que no se puede explicar con palabras. Está lleno de muchos y diferentes significados y es una gran obra maestra.

 

– ¿Tiene alguna cosa El Ermitage que otros museos del mundo no tengan?

 

– Pues ¿qué decir? Tenemos algo de material arqueológico de los túmulos de los escitas, el oro de estas tribus nómadas, una colección fantástica, que es absolutamente fuera de serie y sólo unos pocos museos del antiguo territorio ruso tienen estas piezas. Nuestra colección de plata de las fuentes sasánidas iraníes es única y ningún museo tiene tanto. Nuestra serie de maestros holandeses es la mejor fuera de Holanda. Tenemos probablemente la mejor colección de Caspar-David Friedrich fuera de Alemania y una preciosa colección de joyería europea.

 

–  ¿Hay algunas anécdotas o curiosidades relacionadas con las piezas en exhibición?

 

– Algunas personas cuentan que las antiguas esculturas egipcias hablan o se mueven por la noche, pero personalmente no he oído nunca nada. No es que ocurra, simplemente es lo que la gente cuenta, yo nunca he visto nada cambiar de sitio. Los guardias dicen que sienten algo por la noche y que hay movimientos, pero yo no lo podría afirmar. Sólo son comentarios de los guardias de noche, pero nada más interesante que eso.

 

– ¿Por qué considera la historia como un elemento vital para el ser humano?

 

– Es fascinante porque aporta muchos bienes a la gente, y sobre todo porque se pueden hacer preguntas y encontrar respuestas por uno mismo. Es interesante estudiar y verse involucrado en diferentes civilizaciones, en diferentes épocas del tiempo, sin perder los vínculos con tu propia cultura. Pienso que la historia es extremadamente importante, las únicas cosas que realmente tenemos son la historia y la cultura. Por ejemplo, si seres de otros planetas vinieran a visitarnos, estarían interesados en nuestra cultura y nuestra historia, porque es única. No se interesarían en nuestros logros tecnológicos, porque los suyos serían mejores. Es la historia y la cultura lo que hace al hombre, hombre, y a la humanidad, humana.

 

– ¿Ha observado una pérdida de humanismo en nuestro días?

 

– No, no veo una verdadera pérdida, aunque hemos tenido muchos cambios. Siempre escuchamos decir: «los  jóvenes no están interesados en cultura, sólo van a discotecas, los jóvenes están en esto y aquello, pero no en cultura», pero nuestra experiencia en El Ermitage, que es un museo de arte clásico, demuestra que tenemos jóvenes y niños viniendo al museo, no sólo con los profesores sino por sí mismos. Cuando organizamos conferencias para estudiantes vienen muchísimos, así que creo que el interés por la humanidad y el ser realmente humano está ahí. A veces cambian las cosas para mal en ciertos lugares o ciertos niveles, pero pienso que en general la humanidad es la humanidad.

 

– Pero es obvio que hay una falta de comunicación…

 

– Sí, pero eso es algo en lo que tenemos que trabajar, por ejemplo, ahora mismo estamos muy activos en tecnologías modernas en El Ermitage y ya tenemos unas buenas páginas web. Eso no significa sólo dar información ¿Sabe lo que es Internet? Internet es un sitio donde puedes encontrar absolutamente de todo. Tiene un montón de basura y cosas terribles y no es la cosa más hermosa del mundo ¿pero cómo lo podemos cambiar? Lo podemos cambiar poniendo en Internet más y más material bueno, material educativo, un arte bello, presentándolo de una manera buena y gustosa, de manera que el peso de lo bueno vaya oscureciendo todo lo malo que hay en la red, y actuando así nosotros ganaremos esa batalla.

 

– ¿Qué quisiera decir del Ermitage, de la cultura rusa?

 

– Pienso que una de las características de El Ermitage es que es un gran símbolo de cultura rusa. Nos abre la puertas hacia el mundo. Rusia es un cultura que no tiene fronteras naturales. Por ello estamos abiertos hacia otras culturas, teniendo la nuestra propia. El Ermitage es un símbolo, es un museo de cultura mundial. No es un museo nacional. En El Ermitage la cultura rusa vive junto con otras culturas, haciendo de cierta forma el papel de puente. Es un gran símbolo de apertura del alma rusa, alma que El Ermitage ayuda a desarrollar y educar. Pienso que esto es algo importante.

 

– ¿Cuál es su desafío en el futuro más inmediato?

 

– El desafío más grande es el cómo hacer todas nuestras colecciones accesibles. Para ello estamos poniendo en marcha un plan de desarrollo, que incluye potenciar el interés por el museo tradicional, desarrollar nuevas galerías, adecuar varios edificios que nos han donado, mejorar las instalaciones eléctricas, desarrollar nuevos catálogos electrónicos, desarrollar nuestro centro de exhibiciones fuera del Ermitage y de San Petersburgo, tal como lo tenemos en el Summer Side House, en Londres; abriremos un espacio de exhibición junto con el Museo Guggenheim en Las Vegas y un gran centro en Amsterdam, así que estamos desarrollando nuestras relaciones e intentando mostrar nuestras colecciones tanto como sea posible.

 

Sergio García