Paracelso y la medicina mágica

Qué gran misterio el de todos aquellos médicos magos de la antigüedad que fueron capaces de curar graves enfermedades y todavía hoy no sabemos como lo hicieron!  Médicos que eran conocedores de determinados secretos ocultos de la naturaleza, cuyos manuscritos son verdaderos enigmas para los científicos más avanzados de nuestra época. Pero echemos una mirada al pasado y desvelemos algunas de estas incógnitas a través de uno de estos médicos magos: el intrigante Paracelso.

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Considerado como uno de los grandes médicos de la antigüedad, padre de la química medicinal por sus curaciones a través de los minerales, astrólogo en una manera muy distinta a lo que concebimos como astrología hoy en día, es visto también como uno de los más grandes alquimistas de la historia. Se sabe que gracias a estos conocimientos alquímicos realizó curaciones prácticamente milagrosas, comprobadas históricamente (curó lepra a enfermos desahuciados, etc.),  y es por eso que se habla de una  medicina mágica.

Paracelso, muy adelantado a su tiempo en conocimientos, transgredió las normas de su época para marcar un cambio en la medicina. Nace en Suiza el 17 de diciembre de 1493, y por aquel entonces la medicina era sumamente precaria, había quedado estancada durante más de 1500 años en la teoría humoral de la enfermedad de Hipócrates y Galeno. Esta se basaba en que la causa de la enfermedad era debida al exceso de alguno de estos cuatro humores: la bilis negra, la flema, la bilis amarilla y la sangre. Los tratamientos para eliminar el exceso de humor eran en numerosos casos más letales que la propia enfermedad: se practicaban las sangrías, las dietas desmesuradamente restrictivas, las purgaciones y el uso de ciertas plantas que en ocasiones ayudaban y en otras envenenaban. Ante esta situación, muchas veces se llamaba al cura antes que al propio médico.

El verdadero nombre de Paracelso es Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus Von Hohenheim, en honor al griego de la escuela platónica y especialista en plantas medicinales Theophrastus Tyrtamos de Ereso. El nombre Paracelso significa «igual o mejor que Celso», un médico romano del siglo I d.C. que, como él, se oponía a alguna de las teorías de Hipócrates.

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Paracelso crece en los Alpes suizos, en constante contacto con la naturaleza. Desde pequeño recorre los bosques junto a su padre, también médico y alquimista, en busca de plantas y minerales curativos para los enfermos. A lo largo de su juventud entra en contacto con ciertos personajes pertenecientes al clero que le instruirán en profundidad sobre los misterios de la Alquimia. De todos ellos el más importante es el Abad Trithemius, de quien se dice que dirigió una sociedad secreta de alquimistas herméticos a la que perteneció el joven Paracelso.

A nivel histórico, el término hermetismo hace referencia a la corriente de pensamiento impulsada principalmente por los filósofos de la Escuela de Alejandría en el siglo II d.C., que transmite una interpretación unitaria y  sagrada del universo en la cual en todo lo que existe subsiste una sola causa primera de la vida que se expresa a través de múltiples manifestaciones: cósmicas, humanas, animales, vegetales y minerales.

Esta corriente busca desvelar y comprender los principios o leyes ocultas de la Naturaleza. Utilizaban el símbolo como modo específico de transmisión del saber. Fue el Abad Trithemius quien enseñó a Paracelso dichos misterios y la escritura secreta de los alquimistas.

A lo largo de su vida, Paracelso estuvo en constante movimiento por toda Europa, una vida nómada de mucho estudio e investigación. Viaja a España para aprender medicina árabe, a Montpellier donde conoce la escuela del alquimista Arnau de Vilanova y comienza su primer libro de alquimia llamado: «La Archidoxia Mágica»; Inglaterra, Holanda, Dinamarca, Países escandinavos, Europa del este…En algunos lugares encontraba la paz para escribir sus numerosos libros y también para ejercer de médico. No cobraba a los pobres y criticaba a los que se enriquecían de la medicina por lo que en más de una ocasión tuvo que salir huyendo para evitar ser encarcelado.

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Sus investigaciones se volcaron sobre todo en el campo de la mineralogía, con el fin de destinar ese conocimiento a la lucha del cuerpo contra la enfermedad. Estudió y descubrió las características de muchas enfermedades (sífilis y bocio entre otras), y para combatirlas se sirvió del azufre y el mercurio. Sus curaciones increíbles suscitaban envidias y se dice que curaba a nueve de cada quince leprosos.

Pero, ¿qué sabemos de la medicina que practicaba? La visión de la enfermedad que tiene Paracelso está condicionada por sus conocimientos sobre alquimia o sabiduría hermética. Decía: «Hay dos especies de conocimiento, hay una ciencia médica y una sabiduría médica». Hoy en día tenemos una ciencia clínica muy avanzada, pero esta trabaja únicamente el plano externo y visible, lo que llamamos plano físico. Sin embargo, los alquimistas concebían una sabiduría médica en la cual además se contemplaba la existencia de un espíritu y de una psique que pertenecen a la naturaleza interna del hombre, siendo estos últimos también de suma importancia en el origen y curación de la enfermedad. En alquimia, estos tres elementos eran simbolizados como sal θ (substancia física), azufre (substancia astral) y mercurio (substancia espiritual).

«Si estas cualidades están en armonía unas con otras no habrá enfermedad; mas si entran en oposición las unas con las otras, la enfermedad será el resultado» (Paracelso, «Paramirum», lib.I, 1, 2 y 3).

En el conocimiento de estos hechos está la clave de cómo curaba nuestro protagonista: «Si pudieseis ver estas substancias verdaderas, tendríais entonces el ojo por medio del cual un médico debería ver. Solo el ver lo exterior está en el poder de todo el mundo, pero el ver lo interior y descubrir lo que está oculto, es un arte que corresponde al médico.»

En el campo de la astrología, Paracelso habla igualmente de la existencia de fuerzas cósmicas o universales y de cómo estas influyen en el hombre. La astronomía moderna enseña la ciencia de los cuerpos de los planetas y estrellas, mientras que la astrología de Paracelso habla de las fuerzas espirituales representadas en los planetas, un macrocosmos cuyo duplicado existe en la constitución del hombre (microcosmos). Paracelso destaca por ser un hombre de ciencia que a su vez defiende una visión global de la medicina y de la enfermedad.

Paracelso muere en Salzburgo el 24 de septiembre de 1541 con 47 años, dejando en herencia todos sus bienes a los pobres. Hoy en día, se le considera el gran reformador de la medicina del siglo XVI. Su incesante búsqueda de lo nuevo, su oposición a los remedios heredados de tiempos antiguos le postulan como un médico adelantado a sus contemporáneos, contribuyendo a que la medicina siguiera un camino más científico. Gracias a hombres como él, que no temen romper con las ideas preestablecidas de su tiempo, la humanidad avanza hacia nuevos horizontes, a la vez que recupera conocimientos perdidos que siempre estuvieron ahí y fueron olvidados.  Poco a poco los médicos de hoy luchamos por explorar nuevos horizontes, tomando como ejemplo valiente personajes de antaño como lo fue Paracelso. Poco a poco, en búsqueda de una medicina más científica, más universal y más holística, también vamos desvelando los misterios del universo y del hombre.

Cristina Arribas

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