Rennes-le-Château, un pueblo lleno de secretos

Fue en enero de 1956, en una serie de artículos de prensa, cuando Francia conoció la fabulosa historia del cura de los millardos,  un cura rural que se hizo multimillonario de la noche a la mañana.

Nadie pensaba que su fama alcanzaría nivel mundial, ni el heredero de los bienes, un tal Nöel Corbu, que convirtió los dominios del sacerdote en un hotel-restaurante y fue el responsable de esos artículos que situaban al pueblo -y su recién estrenado negocio- en el punto de mira de la sociedad francesa bajo el pretexto del hallazgo, por parte del cura, de un tesoro de millones de francos en aquel pueblecito del Aude francés.

La historia de aquel cura llamado Bérenger Saunière ha servido para la publicación de centenares de libros, pero no es hasta unos cincuenta años después, en 2003, con la novela El código Da Vinci de Dan Brown, quien utiliza para su conspiración la leyenda de aquel cura, que alcanza una fama mundial.

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Vista panorámica de la capilla

Pero, ¿qué sucedió? ¿Qué hizo aquel párroco para que merezca la pena conocer su historia?

Pues bien, Bérenger llegó a Rennes-le-Château en 1885 y se encontró una iglesia destrozada cuya patrona era María Magdalena. Se propuso modernizarla y en 1887, tras realizar el cambio del viejo altar, es cuando empieza la leyenda… Según algunos, el sacerdote halló una pequeña olla llena de monedas de oro, que él mismo comentaría con cierta ironía que se trataba de «medallitas de la virgen», pero antes de finalizar los trabajos un peón realizó otro hallazgo, halló oculto en uno de los balaustres del coro de la iglesia un tubo sellado que contendría una serie de pergaminos de los que procedió a dar parte al alcalde.

Los hallazgos levantaron la curiosidad de los habitantes de lo que antiguamente fue la capital del Razés, Redhae, de unos treinta mil habitantes en época visigoda pero que en 1887 apenas superaba las doscientas almas.

Imaginaos un pueblecito francés del siglo XIX que no supera la treintena de casas y que en aquel momento se encontraba dividido en dos frentes irreconciliables: los partidarios de la república y los de la monarquía. La cuestión es que cualquier hallazgo histórico o de valor en una iglesia debía ser inmediatamente comunicado a las autoridades republicanas, quienes gestionaban las iglesias como una propiedad del estado. Pero, ¿qué pensáis que hizo el joven cura con las medallitas de la virgen?, pues no existe documentación al respecto pero os aseguro que desde aquel momento la vida de aquel joven curé cambió por completo…

Desde aquel instante las mejoras para la parroquia y para su vida personal no dejaron de ir en aumento, así como también para quien sería su sirvienta, Marie Dénarnaud, quien prestaría servicio al sacerdote desde los 18 años (1892) hasta la muerte del mismo. La joven fue vista con hermosas joyas sobre los mejores vestidos de la moda parisina, que lucía el domingo mientras «su Bérenger» oficiaba misa para una parroquia compuesta por una veintena de devotas mujeres.

Aquel fue el inicio de las aventuras del cura, que remodeló por completo el jardín, la iglesia, el cementerio y compró uno de los iconos de esta historia, el diablo de la pila del agua bendita. También realizó obras en la casa parroquial pues, no cansado de sus gastos «públicos», el sacerdote vivía con todo tipo de lujos: importaba decenas de barriles de ron desde Isla Martinica, adquiría cajas de los mejores puros habanos y en su mesa siempre se gozaba de la mejor comida y el mejor vino.

Pero el afán constructor del sacerdote acababa de empezar: adquirió los terrenos colindantes y construyó una suntuosa mansión, Villa Bethania, una casa señorial con un enorme jardín interior en el cual construyó una pequeña torre neogótica, la Tour Magdala, en honor a su patrona y que tenía su contrapuesto en un invernadero de cristal sobre un belvedere que recorría toda la cara sur de la Villa

Todo esto no pasó por alto al obispo de Carcassona, Monsignor Beauséjour, que en 1909 le llamó para rendir cuentas de su situación financiera ante un tribunal eclesiástico. Es en ese momento cuando se destapa una trama de «tráfico de misas» -sí, tal como podéis leer, «tráfico de misas»- y es que las diócesis con mayor afluencia de feligreses recibían encargos de misas para difuntos, el purgatorio, los jóvenes soldados en el frente o cualquier carestía que un alma cristiana encontrara necesaria. El Vaticano permitía un máximo de unas 3 ó 4 misas al día. Una iglesia de ciudad, como Saint Sulpice en París, recibía cientos de «peticiones de misas» en un solo día. Dado que era imposible satisfacer todos los encargos la Iglesia permitía la «venta de misas», es decir, un cura con sobrecargo de misas podía enviar «misas» a los curas rurales que las solicitaran y que por falta de feligreses en el entorno rural permanecían durante toda la semana cruzados de brazos, así ganaban las dos parroquias y los sacerdotes rurales completaban su escaso sueldo (noventa francos mensuales) mientras el Vaticano hacia la vista gorda a esta cantidad ingente de dinero que se movía ajeno al estado.

Bérenger llegó a realizar más de cien misas en un solo día. Solicitaba misas a multitud de iglesias y obtenía un sobresueldo «no declarado» que sobrepasaban los seis mil francos mensuales. Durante el proceso judicial presentó gastos a la baja como haría cualquier buen defraudador, que no contemplan los gastos reales que debieron ser mucho mayores. El tribunal nunca logró que presentara facturas de todos los gastos por lo que, tras dos años de intentos fallidos, lo sentenció a un «Supensis a Divinis» y le negó la posibilidad de oficiar misa. Fue expulsado de su parroquia.

¿Da respuesta este tráfico ilegal a los gastos realizados a lo largo de su vida? La verdad es que no, el dinero ganado durante años por las misas no justifica ni la mitad del dinero que gastó a lo largo de su vida…

Al inicio mencioné a Nöel Corbu, quien dio a conocer la historia pero no se la inventó. En 1936 tenemos la primera mención realizada por un periodista, J. Girou, que informa que los habitantes del pueblo le cuentan que las excéntricas construcciones que veía eran obra de un cura que había encontrado un tesoro.

A partir de 1956, con los artículos de Corbu aparecidos en el periódico La Depêche, lo que en 1936 era solo «un tesoro» ahora era el tesoro de la reina Blanca de Castilla. Se desencadenó una fiebre del oro. Cada fin de semana el pueblo se llenaba de buscadores de tesoros armados con detectores, picos, palas y dinamita. Perforaron, literalmente, el pueblo en busca del tesoro. Tales fueron las «hazañas» de estos buscadores que en 1965 se prohibió excavar en todo el término municipal.

En 1967, el libro «L’or de Rennes» (G. de Sede) coloca el enigma bajo la sospecha de sociedades secretas que movían los hilos del sacerdote. Se publican por primera vez los supuestos pergaminos, pero es en 1982, en el libro «El enigma sagrado», donde el tesoro es descrito como un hallazgo que comprometía de pleno al cristianismo y que escondía el secreto de la supervivencia de Jesús, del matrimonio con María Magdalena y de su descendencia, emparentada con los reyes merovingios que habrían sobrevivido bajo el auspicio de una organización secreta llamada «El priorato de Sión».

Todo este asunto llegó a sorprenderme tanto que decidí tratar de descifrar los pergaminos y comprobar el resultado. Con esta labor, realizada junto a Alex Loro (quien realizó un programa informático para revelar el verdadero contenido oculto), se dio a la luz  unos textos llenos de errores. Nuestro trabajo quedó plasmado en un libro, «El caballo del diablo, jaque mate a los pergaminos de Rennes-le-Château», donde demostramos la falsedad de esta parte del mito.

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Retrato de Bérenger Sàuniere

Lo curioso es que ese mismo año salieron a la luz dos libros más sobre este mismo tema, «Prohibido excavar en este pueblo» de Óscar Fábrega, quien narra cómo se forja «el mito»; el otro libro es de Enric Sabarich, «El secreto de Rennes-le-Château», donde plantea una nueva teoría acerca del origen de la riqueza de Saunière. Y es que no os he hablado de la cripta que existiría debajo de la iglesia… en 2001 unos escáneres revelaron dos zonas con cavidades justo debajo del pavimento central y que corresponderían a la supuesta cripta que podría haber descubierto nuestro cura, un mausoleo que contendría los cuerpos de los nobles, o tal vez incluso reyes de la zona, seguramente desde los siglos V hasta el XVI… Lo cierto es que aunque existe un halo de mentira que recubre la historia, no obstante no conocemos el origen de la fortuna del cura. Todavía quedan muchos secretos ocultos que esperan ser revelados en Rennes-le-Château.

Xavi Bonet