Similitudes entre la cosmogonía de Iunu (Heliópolis) y la Kabbalah hebrea

La cultura hebrea es actualmente conservadora del misticismo de culturas ancestrales del Oriente Medio al haber tenido contacto con Babilonia, Egipto, Grecia, Roma, etc. Algunos de estos principios fueron asimilados al antiguo monoteísmo israelita.

Egipto contra la invasión de los Hicsos

En el caso de la relación hebreo-egipcia, históricamente polémica, existe la versión bíblica donde el pueblo de Jacob en un principio fue bienvenido por los habitantes del país de Kemet. No obstante, después de un tiempo fueron temidos, despreciados y reducidos a la esclavitud (Éxodo 1:10). También existe una  posibilidad según la historia, de que la invasión de los Hicsos (en egipcio heqa khaseshet ,) «gobernantes extranjeros»; hayan sido pobladores de Canaán y Siria, tal vez antiguos hebreos (Waddell, 1940). Independientemente de cuál pueda ser la verdad, no queda duda de que se dio una profunda relación entre hebreos y egipcios, sea de sumisión, amistad o de dominio.

El tiempo de coexistencia pudo haber dado muchos frutos en diversas áreas del quehacer humano, siendo el interés de este estudio lo mítico-religioso. Si en su momento los grandes maestros de la cultura helénica viajaron desde muy lejos para aprender la sabiduría de los templos egipcios, es posible que la estirpe de Jacob haya obrado de semejante modo.

Parecería improbable una mezcla religiosa, pues se supondría que el monoteísmo israelita chocaría con los muchos dioses egipcios. Sin embargo hay estudios que mencionan un posible henoteísmo[1] en el judaísmo temprano, para después arribar al monoteísmo estricto hacia el siglo VII a.C. (Toynbee, 1981). Este hecho podría permitir la apertura de los adeptos hebreos a los misterios egipcios.

Es posible rastrear cierta influencia de los postulados cosmogónicos heliopolitanos para con el sistema kabbalista judaico. Incluso se menciona en El Libro de los Hechos que Moisés fue educado como aristócrata egipcio (Hechos. 7:22), lo que le dio la posibilidad de conocer los misterios sagrados. A partir de estos conocimientos es posible que Moisés construyera el sistema místico hebreo, siendo difundido de generación en generación.

Kabbalah, del hebreo קַבָּלָה, significa recibir y tiene como propósito el entendimiento de la relación del creador con su creación (Richman, 2011). Es una escuela esotérica dentro del judaísmo con una tradición milenaria. Las cosmogonías de los templos de Kemet tenían la misma intención, conocer el origen del mundo y el papel humano en todo ello.

El mismo nombre de Kabbalah, al ser analizado bajo la filología egipcia nos remonta a energías sutiles que constituyen el cuerpo humano tal como el Ka (la energía que vivifica el cuerpo), Ba (pudiendo interpretarse como el alma) y el Aj (el cuerpo de luz). Incluso se podría especular que para los egipcios, el nombre de una disciplina tal, incorporaría el conocimiento de los secretos que envuelven a estos cuerpos sutiles. Este estudio involucraría una profunda metafísica y ritualista.

Otro de los puntos en común es el origen del mundo en ambas ideologías. Para los iniciados en Iunu (Heliópolis) el principio era la luz, Atum-Ra. Para los Kabbalistas el inicio es también la luz, incluso la palabra luz en hebreo es אור, pronunciada como «hor» (Berg, 2012), haciendo alusión a la palabra Horus[2]que también representa la luz y al hombre (Naydler, 2003).

Otro elemento importante en los dos sistemas es que la divinidad primordial irrumpe en la existencia por sí misma, auto creada y manifiesta (Naidler, 2003). A partir este demiurgo se va poco a poco decantando la luz para formar los diferentes planos de manifestación o mundos, haciéndose cada vez más densos hasta llegar a la materia.

Sephirot

Esto se vincula con las sefirot hebreas y con los distintos dioses emanados a partir de Atum. Las diez sefirot son la seriación de las distintas etapas del proceso creativo, por medio del cual Dios generó desde el mismo núcleo de su ser infinito la progresión de reinos, los cuales culminan en nuestro universo material (Ginsburgh, 2016). Para los egipcios, se da un significado similar al surgimiento de los nueve dioses de Heliópolis, en cuanto a que son emanación del mismo Atum.

Un elemento más en común es el árbol de la vida, arquetipo universal manifiesto en varias culturas del mundo. En el caso egipcio, este árbol de persea se asocia al culto a Atum-Ra en Heliópolis. Se pensaba que éste había existido desde el principio del tiempo y de sus ramas emergieron los nueve dioses principales. Estas mismas ramas son el soporte del cielo y las estrellas, sus raíces llegan hasta el inframundo y su tronco es el eje del universo. (Fletcher, 1999).

En la Kabbalah el árbol se forma a partir del orden de aparición de las sefirot en el derramamiento de la luz desde los planos superiores. Este árbol de la vida es la estructura y eje de todos los mundos para los místicos hebreos. Para los iniciados egipcios el árbol de la vida es un mapa del destino que contiene el plan que los dioses han trazado para el hombre. En tanto que para el kabbalista muestra el camino de ascenso desde el mundo humano hasta llegar a Dios en el mundo superior.

La lista de similitudes es muy amplia, no obstante, lo más interesante de este estudio podría ser la reconstrucción del ocultismo de Iunu a partir de los vestigios arqueológicos y lingüísticos que se conservan tanto de lo que se ha preservado en la Kabbalah hebrea.

José Roberto Rubio Rocha

[1]Se reconoce la existencia de varios dioses, pero solo uno de ellos es digno de adoración.

[2] Horus es la manifestación de Atum en un plano menos sutil ya que también representa la luz. Horus sería el décimo dios, un ciclo completo desde el uno que es Atum.