El dios Thot y el libro secreto de la sabiduría

Si hay una sola palabra que describa ese rasgo peculiar del Antiguo Egipto que envuelve su paisaje, sus dioses, sus templos y sus monumentos funerarios, definiendo el talante y la ciencia de sus sabios, esta es sin duda la de «misterio», pues para ellos la sabiduría no sólo era una ciencia sagrada de origen divino, sino también una ciencia secreta. En efecto, hace ya más de 2500 años que el último faraón egipcio, propiamente dicho, reinó sobre el «País de las dos Tierras».

Sin embargo, durante todo este tiempo y hasta hace bien poco, su ciencia, su magia y sus misterios han permanecido ocultos y enterrados bajo las arenas del olvido. Es cierto que los sabios egipcios perpetuaron muchos de sus conocimientos grabándolos en la piedra, el papiro, la madera, el bronce, la cerámica o la escayola, pero también que se negaron a revelar gran parte de su saber, y cuando alguna vez lo hicieron fue de forma velada y simbólica, encubriendo el oculto significado de sus enseñanzas tras la hermética faz del símbolo, el mito y la alegoría; pues ellos pensaban que dichos conocimientos eran demasiado sagrados para divulgarse públicamente, exponiéndose a que pudieran ser profanados. Precisamente esa es una de las cosas de las que más se lamentaba el noble Ipwer, durante la crisis que sucedió a la caída del Imperio Antiguo, cuando exclama: «Mira la Cámara Privada (los archivos secretos), sus escritos han sido robados, y han sido revelados los secretos que allí había. Mira, las fórmulas mágicas se han divulgado; los encantamientos shemu y shekenu son ineficaces a causa de que la gente los repite. Mira, se han abierto los archivos y han sido robados los inventarios… Mira, se han divulgado los secretos de los reyes del Alto y Bajo Egipto»1.     

Herederos de una tradición ancestral y multimilenaria, los sacerdotes de sabiduría del Antiguo Egipto se sentían legítimos depositarios de una ciencia divina que atesoraba el conocimiento de aquellos principios, leyes y fuerzas inmutables que rigen la vida en el universo. Por eso, los sabios egipcios supieron guardar herméticamente el secreto, revelado tan sólo en la más recóndita intimidad de sus templos, de los arcanos misterios de una Sabiduría de la cual todos ellos eran fieles discípulos y celosos guardianes. De hecho, la palabra «hermético» (del griego Hermes), usada normalmente para referirse a una realidad que permanece oculta, cerrada e inaccesible, y cuya integridad debe ser protegida porque contiene un secreto o información valiosa que conviene preservar, tiene su raíz y su significado original en la ciencia divina de Thot, el dios egipcio de la sabiduría cuyos Misterios eran tan sagrados como secretos. Por eso en el capítulo 114 del Libro de los muertos el iniciado proclama: «Yo he sido iniciado en estos misterios (…) pero no los divulgaré a los hombres, ni los repetiré delante de los dioses (…) Los misterios de la noche que Ra guarda celosamente, es Thot mismo quien me los ha revelado».

La tradición egipcia atribute a Thot la invención de la escritura, los símbolos, los números, las lenguas y la palabra. Por eso ostenta los títulos de «Escriba de hábiles dedos de la Eneada», «Dueño de los escritos sagrados» y «Señor de las palabras divinas»2, siendo el protector de las artes, las ciencias y las letras. Además, como rector de la «Casa de la Vida» y «Maestro de la Ciencia Divina», es él quien revela los arcanos misterios de la Sabiduría a los iniciados. Thot es así una de las divinidades más fascinantes del panteón egipcio, cuyo prestigio trascendió las fronteras del Nilo para convertirse en un símbolo universal de la magia, el conocimiento metafísico y las ciencias ocultas de la naturaleza. De hecho, en la literatura egipcia encontramos frecuentes alusiones a un libro mítico o corpus de enseñanzas ocultas, que contenía toda la «Sabiduría secreta del dios Thot». Un legendario libro de magia cuyo origen se perdía la noche de los tiempos, ya que, según la tradición ancestral, había sido escrito por el propio dios Thot, cuando transmitió su divina ciencia a los primeros sabios egipcios. De hecho, sabemos que en las casas de la vida había un tipo especial de escribas llamados Sesh-Medyaut-em-Per-Anj, o «Escriba de los Libros Sagrados de la Casa de la Vida», que eran los responsables de copiar, trasmitir y conservar los «venerables escritos de sabiduría». Asimismo, la función de este sacerdote era también personificar simbólicamente al propio dios Thot en los rituales, y como leemos en el papiro Bremner-Rhind, es uno de los pocos cargos sacerdotales que estaban autorizados a entrar en la parte más oculta y secreta del santuario. Según el texto, «el escriba de los Libros Sagrados, que es Thot, será quien recite las glorificaciones rituales en el curso de cada día. Y todo ello no podrá ser visto ni oído por los profanos».

La tradición sapiencial de los antiguos egipcios nos ha legado diversos testimonios escritos, a veces biográficos y a veces literarios, sobre la existencia de este legendario «Libro Secreto de Thot». Por ejemplo, en el Papiro Westcar vemos que el sabio rey Keops le pregunta al mago Djedy si sabe donde se halla oculto el «Libro Secreto de Thot» para poder aplicar sus cánones, proporciones y medidas en la construcción de su templo, y Djedy le dice que el libro se haya guardado en un cofre de la «Cámara de los anales del templo de Heliópolis». En el Imperio Medio aparece también otro gran sabio llamado Amenhotep hijo de Hapu, gran escriba real, gran hierofante de Amón, arquitecto real y superintendente de todas las obras del rey Amenhotep III, además de constructor del templo de Amón en Luxor y de otros célebres monumentos, que acabó siendo divinizado y venerado en su templo funerario de Tebas Oeste. Un sabio de gran talla que compartió una capilla-santuario con Imhotep en el templo de Deir el Bahari y que podemos ver representado también en el templo inacabado de Medinet Habu junto a Thot y a Imhotep. En su estatua biográfica3 Amenhotep declara explícitamente «haber sido iniciado en los Misterios de la Sabiduría contenidos en el libro secreto del dios Thot», pudiendo profundizar en el estudio de aquellos textos y enseñanzas secretas que eran inaccesibles al común de los mortales. El texto en cuestión dice así: «Yo fui educado con el libro de los dioses y vi los instrumentos mágicos del dios Thot; yo fui iniciado en las secretas enseñanzas que son inaccesibles al común de las gentes y exploré todos sus pasajes difíciles».

Por otro lado, existe una leyenda encontrada en diversos papiros de la época baja conocida como el «Ciclo de Setne-Jamuas». En ella se recogen varias historias de magia y de misterio, como la del gran mago Nefer-ka-Ptah, obsesionado con la búsqueda del libro de la magia secreta de Thot. El texto describe con un gran talento narrativo las tremendas pruebas y peligros que tuvo que acometer el mago para poder conseguirlo y de cómo después el dios Thot muy enojado al saber que su libro había sido robado, le castiga y al final los tres perecen ahogados. Pero antes de hundirse en el agua el mago consigue atar a su cuerpo el libro por medio de un lienzo. Finalmente, el rey, viendo lo sucedido, ordenó que permaneciese así para siempre unido al libro de Thot en un lugar secreto. Los sacerdotes entonces momificaron el cuerpo del mago junto al de su mujer y su hijo en una tumba escondida de Sakkara, dejando el papiro mágico envuelto entre las vendas de su momia.

Tiempo más tarde aparece en escena otro prestigioso mago, el Príncipe Ja-em-Uaset, que era el cuarto hijo de Ramses II, Sumo Sacerdote de Ptah en Memfis y muy posiblemente uno de los primeros egiptólogos de la historia, ya que se dedicó a estudiar y restaurar gran cantidad de monumentos antiguos. Enterado del escondite secreto del «Libro mágico de Thot», Jamuas consigue localizar la tumba perdida de Nefer-Ka-Ptah en la necrópolis de Sakkara y tras múltiples peripecias tiene que combatir finalmente con el espectro del mago para poder apoderarse de él. Finalmente se lo consigue arrebatar, pero el difunto mago le lanza una maldición y, tras una serie sucesivas de calamidades e infortunios, el Príncipe Jamuas, devolvió el Libro de Thot a la tumba del mago Na-Nefer-Ka-Ptah, pero no antes de habérselo aprendido entero de memoria.

Como podemos ver, la leyenda del «Libro secreto del dios Thot» tiene un extenso y rico fundamento literario, a caballo entre el mito y la historia. Un tema cuyo poder de evocación ha conseguido traspasar la barrera de los siglos, inspirando no sólo a los propios sabios egipcios, sino también a los filósofos alejandrinos fundadores del hermetismo; así como también a los posteriores sabios, magos y alquimistas de la Edad Media, resurgiendo siglos mas tarde, ya en época el Renacimiento, con la Escuela «Neoplatónico-Hermética» de Florencia, y logrando pervivir hasta nuestros días a través de diversos cultos y movimientos de pensamiento que podemos englobar actualmente bajo el nombre de la «Tradición hermética». Finalmente, la iniciación a los misterios de la «Ciencia secreta del dios Thot», aparece citada también con frecuencia en diversos pasajes de los libros funerarios, pues es ella la que otorga al difunto el poder y el conocimiento necesarios para poder derrotar a la muerte y salir victorioso de las grandes pruebas y peligros que habrá de librar su alma en el Más Allá, a fin de lograr un veredicto favorable cuando su corazón sea juzgado en la balanza de Maat.

Javier Vilar


1 Las lamentaciones de Ipwer. Traducción de José Miguel Serrano Delgado.

2 E. A. Wallis Budge, Ideas de los egipcios sobre el más allá. José J. de Olañeta, Editor. Barcelona 2006.

3 Estatua biográfica. Cairo, CG 853.

4 Ibid.