Alfredo Miguel. Delegado en Baleares de la asociación Huan Yuan de Tai-Chi-Chuan

 – Cuéntanos un poco qué es el Tai-chiChuán, cuál es su fundamento.

 

– Si nos basamos en la palabra en sí, la primera parte, Tai-chi, significa «movimiento primordial», y la última, Chuan, literalmente es «puño». Se podría decir que es representar el movimiento primordial a través del cuerpo con un objetivo: la defensa y el ataque, porque es un arte marcial; por más que que sirva para la salud, se originó como un arte marcial. Hay dos versiones sobre su origen: la primera es la leyenda de un monje que había vivido en Shaolín: Chan San Feng; a través de la meditación unificó las artes del chikum y las artes marciales, creando un sistema de combate nuevo. La parte bonita de la leyenda dice que un día, meditando, vio a una serpiente y a un ave que se peleaban, pero que no se podían atacar porque una planeaba sobre la presa y la otra la repelía con movimientos circulares; así ideó un nuevo estilo de combate donde no hubiera roces, sino simplemente círculos, como las bolas de billar, que en el momento de tocarse giran. Pero ¿qué es el movimiento primordial? No hay ningún lugar que lo diga exactamente; yo estuve investigando y el movimiento primordial es el movimiento en espiral: el Universo se mueve y no en línea recta, sino rotando y trasladándose, como las galaxias, las mareas, las nubes… incluso en un desagüe, el agua no baja en línea recta, sino que forma una espiral; es un movimiento natural. Dentro del estilo Chen hay un chikum exclusivo para preparar el cuerpo para la práctica del Tai-chi, que es el desarrollo de la fuerza en espiral. Lo primero es trabajar las articulaciones, rotarlas para un lado, para otro y estirarlas; entonces estás reproduciendo el mismo movimiento: giro y traslado de peso, o extensión y flexión. Cuando empiezas a trabajar con eso consigues que la articulación esté muy plástica, muy abierta.

 

– Has dicho una palabra que empieza a sonar en Occidente, chikum, pero no se sabe muy bien a qué se refiere ¿podrías decirnos qué es exactamente?

 

– Si lo traduces literalmente, Chi es «esencia», «energía» o «fuerza vital», y Kum es «trabajo», pero un trabajo concentrado, consciente, es decir, la mente localizada en el movimiento del cuerpo, o en determinada articulación, o en determinada visualización; eso es chi-kum. Este término no existía, yo creo -si mal no recuerdo- que a mediados del siglo XIX hubo un maestro que quiso englobar todas estas prácticas sueltas con un nombre y lo llamó chikum. Antiguamente no existía esta palabra, existía la serie de 5 movimientos, de 7, de 15, de 30 y se llamaban de distinta manera. Cada maestro enseñaba a su discípulo la práctica y el sentido, por eso variaba de un maestro a otro; así que este personaje lo reunió todo y dijo que todo se llamaba chikum. A partir de ahí los maestros de Tai-chi practican chikum. Se puede decir que el Tai-chi-Chuán es un estilo de chikum.

 

– ¿Por qué filosofía está dirigido el Tai-chi? ¿budismo, taoísmo? Porque el monasterio de Shaolín lo fundó Bodhidarma, que era budista…

 

– El Tai-chi tiene más que ver con el taoísmo. Yo pienso que cuando el budismo entró en China cogió mucho del taoísmo, creando un budismo no más relajado, pero sí más fluído. Yo he visto monjes budistas chinos que son muy alegres y que se parecen mucho a los tibetanos. En cambio, en el budismo Hinayana, por ejemplo, son más ritualistas. Los chinos son más alegres, más sueltos, y los lamas también son así; lo que pasa es que los lamas se mezclaron con la religión Bon y ésta añadió una serie de rituales y de cosas complejas al budismo tibetano. El chino es muy simple, tiene rituales, pero es como más cálido, más fluído.

 

– ¿Cómo podrías relacionar lo que es este arte marcial, el Tai-chi-chuán, con lo que es la medicina, la salud?

 

– El Tai Chi Chuan nació como un arte marcial, lo que pasa es que como éstas se prohibieron en China, los maestros desdibujaron un poco lo que era muy marcial y se empezó a difundir esa forma de practicarla, que es muy parecida al chikum. La intención es trabajar todas las articulaciones, porque el cuerpo está recorrido por líneas energéticas. Esas líneas, cuando llegan a las articulaciones, si no están flexibles, producen estancamientos, nudos de energías. Una vez, charlando con un arqueólogo, me explicó que en un naufragio en un río, vamos a buscar en el codo del mismo, porque llegan las cosas y se quedan embarradas, ya que el agua allí no circula con tanta velocidad. La idea del Tai-chi es producir un estiramiento, pero no rígido sino flexible: arcos con los brazos, con las piernas… y eso se hace de manera coordinada, no caótica. Se trata de relajar todas las articulaciones y a partir de ahí empujar contra el suelo, que el rebote vaya subiendo al tobillo, las rodillas y las articulaciones más grandes, hasta pasar por la columna, llegar a los hombros, codos y manos. Es como si estuvieras estirando todos los meridianos.

 

– Me imagino que también cultiva otro tipo de cosas además del «deporte», pues es la imaginación creadora la que provoca esa fluidez de la energía más consciente.

 

– El movimiento de energía es algo que no se logra en dos días; puedes practicar 20 años y no sentir nada, solamente un poco de calor, un poco de cosquilleo, pero nada más. Pero estás trabajando la circulación de la sangre, la circulación de la energía, porque van juntas: la sangre y la energía son como dos caballos que tiran de un carro. Pero volviendo a lo que me preguntabas de la mente, lo que hace falta es que la mente no esté dispersa. Hay que trabajar con cada tramo del cuerpo y articular, generar arcos y que esos arcos, a la vista de alguien que te está viendo, resulten una figura armónica… no puede parecer que una pierna o brazo esté fuera de contexto. Para el que practica es una cuestión de sentido, para el que ve es una cuestión de estética y para lograr eso hay que poner la mente en lo que estás haciendo. Las formas son largas, por lo que tienes que mantener la atención y relajar en las partes tensas, girar más… Las prácticas nunca terminan, por ejemplo: llevas un año haciendo un movimiento y un día, giras un poco más y descubres otra cosa.

 

– Esto es algo que también te quería preguntar: cada arte marcial se fundamenta en ciertas cosas; en Kárate, por ejemplo, en catas, cumites y sus movimientos marciales ¿el Tai-chi-Chuán tiene esos movimientos estipulados?

 

– Sí, nuestra escuela viene de la línea de la familia Chan, es un arte relativamente moderno, no es tan antiguo como el chikum que es antiquísimo. Esa familia lo fue pasando de padres a hijos, hasta que hubo un discípulo que no era de la familia y logró ser aceptado, de ahí nació el estilo chan. Después surgieron otros más pero actualmente hay dos estilos importantes: el chan y el chen. El chan es el más conocido en Occidente y es el que trajo la idea de la parte terapéutica, la parte de la salud. El estilo chen se quedó en China y la parte marcial se reactivó hace poco tiempo. Dentro de esta línea hubo un momento en que el maestro Chen Fake, que era un descendiente directo, le enseñó a uno de los maestros de nuestra escuela, al maestro Fong Chi Chiang y éste fue el que enseñó al maestro Tung Kuan Yuen, quien, a su vez, lo transmitió a nuestro maestro aquí en España, Pedro Valencia y éste a nosotros. Nuestra escuela juntó varios estilos: tiene la línea tradicional, la que se llama «el linaje», pero también otras prácticas. De toda esa experiencia el maestro Tung Kuan Yuen ha enseñado una forma que se llama La introducción, que son 38 movimientos. Es una forma buena para empezar porque uno ve el aspecto marcial sin practicar con la firmeza y la decisión marcial. Después está la forma antigua, la tradicional, que es muy bonita y muestra el Tai-chi puro, tal como es. Uno va practicando esos ejercicios individuales y va haciendo un trabajo interno y externo. Y después, si te interesa, te vas metiendo en trabajos más marciales, si no, te quedas con la parte terapéutica.

 

– ¿También hay prácticas con armas?

 

   Hay espada, sable y lanza. Este es un tema muy amplio, porque es una escuela con tradición: si hay escuela, hay tradición, hay linaje, y entonces la práctica tiene fuerza. Si tú por ejemplo lees un libro y lo practicas, a lo mejor sientes algo, pero a la hora de trasmitirlo a otra persona ésta no va a coger nada. Pero si eso mismo lo haces siguiendo las indicaciones de un maestro, con años de experiencia, a la tarde ya estás sintiendo algo. Es una fuerza invisible, pero necesaria a la hora de aprender.

 

– Confucio ya decía que es necesario el maestro para mostrar la puerta, aunque no la pueda franquear por el discípulo. Es imprescindible que haya esa cadena de tradición que nos comentas, para una trasmisión real. Yo creo que autodidactas hay muy pocos, siempre hay alguien que te enseña. En las artes marciales está clarísimo. Aquí, en Occidente, donde somos más racionales ¿consideras que la gente está llamando a las puertas de Oriente para que vengan todas estas filosofías y les está dando una acogida no muy generalizada pero sí bastante notable?

 

– Bueno, yo creo que en realidad son gente que hacen punta, yo creo que uno en la vida lo que hace es seguir el impulso de su ser interior. Por eso creo que está funcionando, por una necesidad interior.

 

– ¿Qué crees que puede aportar todo lo oriental a Occidente?

 

– Pienso que nos puede ayudar a relajar la mente, porque va a tanta velocidad que nos vamos identificando con ella y creemos que es casi imposible salir de esos pensamientos que encima se mezclan con las emociones: cuando uno se enamora llueven flores y cuando a uno le abandonan cambia la cosa, pero el mundo sigue igual, es muy subjetivo, y necesitamos de una virtud muy especial. Hay un cuento de una señora que había ingresado a su hijo en la universidad y fue un día a ver al director con un ataque de ansiedad porque su hijo no avanzaba. El director le preguntó: «¿Usted sabe cuánto tiempo tarda una calabaza en crecer?» La señora se sorprende, «Yo tampoco lo sé, pero supongamos que son tres meses… una calabaza enorme, preparada para comer ¿Y un roble?» «¡Ah! un roble muchos años». El director le dice: «Y usted ¿qué quiere? ¿que su hijo sea como una calabaza o como un roble?…» Se llama paciencia.

 

Antonio Marí