Catalina Valls, la gran dama del teatro

Recientemente tuve el honor de visitar a la “gran dama del teatro”, Catalina Valls, quien tuvo a bien compartir conmigo un poco de su haber artístico, que a tantos ha cautivado a lo largo de su prodigiosa carrera profesional.

– A sus 80 años, Catalina Valls irradia paz y sosiego, fruto de su larga andadura por la vida. Esta primera impresión que causó en mí me llevó a preguntarle cómo era de niña, si era inquieta, qué carácter tenía.

– ¡Inquieta! En cierto sentido sí, porque yo desde muy joven empecé a conocer el mundo de la poesía y tuve la suerte inmensa de tener una maravillosa maestra. Yo digo que he tenido dos maestras en mi vida muy inteligentes: mi madre biológica, una visionaria, ya que siempre me puso en manos de personas que valían mucho, y la otra fue Doña Margarita Perón, que fue mi maestra siempre en todo. Me enseñó las primeras letras, me enseñó algo maravilloso que fue la poesía, el cultivo de las letras y de la música, y me llevaba, siendo yo niña, a exposiciones, al ballet, a conciertos, es decir, yo era un poco su niña.

– Sus comienzos artísticos fueron en la escuela, en una obra de teatro que había escrito un compañero de clase…

– Estrené mi primera obra de teatro con 13 años, era malísima claro, pero yo ya tenía algo dentro y se me daba bien.

– Su don artístico le ha permitido experimentar diferentes facetas como la de poetisa, actriz, dramaturga, escritora, educadora, en fin, artista en general, pero afirma que se considera actriz.

– Lo que realmente soy es actriz: el teatro me atrae de una manera extraordinaria, y he llegado a hacer cine y televisión. Tomé parte en Brigada Central ¡qué más quieres! Yo hacía de una señora italiana, casada con un capo de la mafia. Era la “típica” mamma italiana. Tuve unos compañeros magníficos, como Imanol Arias, y un excelente director, Pedro Masó.

– Su bagaje creativo incluye el rol de dramaturga, habiendo escrito muchas obras de teatro, como Cárcel de Silencio, que se ha escenificado en toda España y América, y también de otros géneros, como la novela.

– Escribía para una revista de Cuba que publicaba mis artículos en fascículos, pero al llegar la revolución de Fidel Castro ya no pude seguir.

– También ha escrito obras en mallorquín y recientemente un grupo de jóvenes de Petra realizó una obra suya, La forastera de Ca´n Perera, que fue la primera que escribió en mallorquín. Después de un tiempo en diversos escenarios de la Península, Doña Catalina regresó a Mallorca a cuidar de su madre, y a partir de esa fecha empezó a dar una charla semanal en Radio Mallorca.

– Se formó un grupo de teatro, con Alberto Cortez, un amigo entrañable, y durante ocho años estuvimos interpretando una obra semanal, y eso que antes no habían los medios que hoy se tiene, ni efectos especiales… los hacíamos nosotros. Fue muy bonito mientras duró. Luego empecé a hacer teatro en el Principal, hace la friolera de 52 años.

– Lo más impresionante de esta excepcional mujer es que dispone de tal fuerza y vitalidad que parece más joven ¿De dónde saca esa fuerza?

– Esta fuerza viene del gran amor que tengo por la vida. Tengo asumido que en cualquier momento puedo irme. Yo he tenido que andar por la vida con una muleta extraordinaria, la fe. Me ha ayudado muchísimo, porque no todo ha sido dulce en mi vida, he tenido también espinas, algunas tremendas, pero la fe me ha ayudado a superarlo. Tengo esperanza porque la esperanza es la inyección vital, y tengo amor a la gente, un sentido lúdico de la vida, un poco trascendente también. Y eso te ayuda a ser natural, a que no des importancia a lo que no la tiene. Pero eso se aprende a través de los años.

– Su sincera y amplia sonrisa da una sensación de vitalidad y experiencia, y al mismo tiempo su semblante nos inspira paz y sosiego.

– Hace unos años tuve un tropiezo de salud tremendo: cuando despertaba decía: ¿qué es hoy?… un día más… ¿llegaré a la noche? Y cuando dormía me preguntaba ¿me despertaré mañana? De manera que yo tengo plenamente asumido que en cualquier momento ¡puff! Puede venir el crack, pero también escribí una poesía hace años que dice, “Quan jo mori tot seguirà igual, la llum del sol y el mar blau”. Se me han ido tantas personas queridas y la vida ha seguido… Pero eso es la vida, un círculo empieza y tiene que acabar. Depende de cómo camines ese círculo, de si es una línea ondulada o quebrada.

– Catalina Valls es encantadora, lo que me hace pensar que le ayudó a conquistar el corazón de las gentes no sólo en escena, sino también entre colegas y amistades.

– Tuve la suerte de convivir con personas extraordinarias y conocer a lo largo de mi vida gente que ha sido una fuente de conocimiento y admiración, y eso a mí me ha enriquecido mucho. Esa es la verdad. Un ejemplo lo tienes en Diabéticas aceleradas; son muy buenos profesionales y muy cabales. Trabajando con ellos me he sentido muy querida, muy rodeada de cariño, he conectado muy bien con la gente joven y hacen que me rejuvenezca. He sido muy rica en buenas amistades que han podido enseñarme muchas cosas hermosas.

– Su don de gentes le ha permitido también dedicarse a la enseñanza, habiendo sido profesora de gramática en el colegio Hispano. 

– Empecé haciendo cursillos de latín y seguí haciendo gramática francesa e inglesa, pero después de tantos años apenas me acuerdo.

– Su versatilidad en el arte le ha permitido adquirir un alto valor artístico, desarrollando en ella un notable poder al subirse a los escenarios, donde da siempre mucho de sí misma a los demás. Ella describe ese poder como algo extraordinario.

– Es un don de Dios. Es el beso que da Dios cuando te hace artista. Tienes la obligación de multiplicar los talentos. Tienes la obligación de dar a los demás eso que tú tienes dentro, porque si no, cuando me llegue la hora de la partida, se me pedirán cuentas de ese don. Tengo que poder comunicar a los demás, hacerles vibrar un poquito. En realidad, es en la escena donde me realizo, donde vivo de verdad. En la escena bailo, no me duele nada y soy feliz.

– Con sus años, con su experiencia, con su franqueza de siempre, Doña Catalina Valls reflexiona sobre el siglo XX, el cual ha vivido en gran parte.

– Tecnológicamente ha sido el gran siglo, el que ha dado saltos importantísimos en medicina, en investigación, en logros, etc. el único que no ha progresado es el ser humano; continúa siendo, en sus reacciones, el mismo que había en las cavernas. Lo demuestra el conflicto de los Balcanes, que me trae a mal toser; algo que no logro entender es que se pueda llegar a eso.

– ¿Cuál es su deseo para el nuevo milenio?

– Que procuren ser un poquito mejores cada día, que procuren tener un poco de paz en sí mismos y repartirla en los demás. Que cada uno encuentre su paz, y teniendo ellos su paz sabrán darla a los demás, ya que en la paz hay amor, hay confianza, hay buena voluntad.

– ¿Hay algo que a Catalina Valls le quede por cumplir?

– No te lo vas a creer, ya que no tiene que ver con el arte” -me dijo con una amplia sonrisa-, pilotar un avión… si, me hubiera entusiasmado pilotar un avión, agregó, con palabras cargadas de anhelo.

– Y al concluir mi breve visita con la dama del teatro, le pregunto ¿cómo se le llega a una madurez armónica y sosegada como la suya? Me mira a los ojos con su rostro sereno, y con suave voz responde:

– Yo aprendí a hacerlo ya mayor. Una vez estuve en la India y aquello fue un revolver dentro de mí, fue darle la vuelta a mi caparazón. Allí aprendí a rezar, aprendí a aceptar. Creo que aprendí a ser mejor persona. Me cautivó la espiritualidad de la India. Aprendí a dar gracias por lo que Dios me ha dado que tantos otros no tienen y aprendí a darle gracias por dejarme vivir en Mallorca.

Pepa Vélez