Oswaldo Rivera Shunt. Tiahuanaco

Arqueólogo encargado del nuevo Museo de Sitio Lítico Monumental de Tiahuanaco

 – Nos podrías contar un poco tu itinerario previo como arqueólogo.

– Lo primero que hice fue una experiencia bastante interesante durante dos años que era la vialidad precolombina, porque Tiahuanaco tiene caminos precolombinos que están mal llamados «caminos del Inca», cuando son «caminos tiahuanacotas» que cruzan desde el altiplano y van hasta la zona amazónica a través de la cordillera. Por eso creo que tengo una buena perspectiva de esto, y lógicamente, también del lago Titicaca, porque durante muchos años fui Jefe del Centro de Investigaciones Arqueológicas allí, además de en Copacabana, en las islas del Sol, de la Luna y otros lugares de Bolivia.

– ¿Cómo se desarrollan las excavaciones de Tiahuanaco?

– Junto con la Universidad de Chicago hemos realizado un proyecto que en 1991 fue declarado uno de los dos más importantes del mundo. Hemos reunido 21 disciplinas científicas en lo que podríamos llamar «puntos de vista diferentes», para tratar de conocer Tiahuanaco desde su globalidad. Considero muy fructíferos los 19 años que hemos dedicado a este proyecto multidisciplinario y de carácter internacional.

– ¿Nos podrías definir brevemente el yacimiento?

– La ciudad es grande, tiene 600 hectáreas de área urbana. Está emplazada en un valle en herradura alargada, uno de los pocos que están en el lago Titicaca. Está perfectamente orientada de Este a Oeste en su máxima dimensión. Todo lo que se encuentra en Tiahuanaco lo vamos a ver perfectamente orientado con los movimientos del sol de Este a Oeste, menos las dos pirámides. Por lo tanto, estamos hablando de una ciudad completamente planificada. Tiene dos partes muy importantes: el centro cívico ceremonial, que es donde están los grandes recintos, las pirámides y una serie de templos, y una superficie mucho más grande que es la parte doméstica. Ambas fueron perfectamente diferenciadas por un canal que viene primero de Norte a Sur, da una curva de Oeste a Este y vuelve a bajar por el otro brazo hacia el Norte; es decir, el canal de 3 m de ancho está dividiendo lo que nosotros llamamos la parte sagrada de la parte profana. Así, cualquier persona podía entrar por cualquier lugar y cuando el agua le llegaba a los tobillos, recordaba que desde ese momento debía comportarse de otra forma, porque estaba empezando a pisar tierra sagrada. Desde otro punto de vista, también podía servir para ciertos efectos de purificación, a fin de entrar en las mejores condiciones en ese lugar. Había un profundo respeto hacia la parte ceremonial de Tiahuanaco.

   La definimos como «una ciudad planificada» en primer lugar porque tenemos kilómetros de canales subterráneos. En 1903 se encontraron los primeros y se les llamó «cloacas máximas»; están muy bien trabajados y se hallan a varios metros de profundidad. Lógicamente, nos está demostrando que la gente de entonces tuvo la capacidad de crear ese tipo de canales, que no son para aguas servidas, sino más bien para drenar las aguas de lluvia. En segundo lugar, otra característica muy importante es que encontramos miles de canales pétreos, es decir, las cañerías eran de piedra y se iban uniendo en bloques, porque Tiahuanaco tenía agua potable, lo que es sumamente importante. En tercer lugar está la precisa orientación astronómica y una serie de elementos más, como la división dual de lo sagrado con lo profano. Por tanto, los constructores sabían lo que estaban haciendo al levantar Tiahuanaco.

   Además, si uno se para en el templete semisubterráneo, que es un patio hundido a unos 2 m de profundidad, y va subiendo las 7 gradas que nos dan un plano intermedio, y desde ahí otras 7 gradas para subir a la plataforma astronómica del Kalazasaya, se puede observar un juego de planos, de desniveles… Las pirámides no son como las egipcias que tienen cuatro lados, son pirámides de 7 niveles con sus plataformas y sus muros de contención; no tienen base rectangular de cuatro lados, sino de muchos más, porque son cruces; es el famoso cruciforme con entradas y salidas que se representan tanto en el plano como en las paredes.            

    Tiahuanaco fue una ciudad sumamente hermosa. Hemos encontrado que gran cantidad de puertas, dinteles, etc, no sólo están finamente esculpidos, como el de la Puerta del Sol, que es el más conocido, sino que también se les rodeaba con una placa de oro. Además hay una serie de perforaciones para colocar clavos del mismo material y en las excavaciones los hemos encontrados; en cambio, las placas no las hemos encontrado, porque se las llevaron no sabemos si los incas, los españoles o quienes vinieron después a excavar. Así pues, tenemos que Tiahuanaco es un monumento a la piedra, por la excelencia de trabajo que tiene este material; en segundo lugar estamos viendo grandes bloques unidos a otros grandes bloques a través de grapas metálicas de hasta 23 kilos de peso, que han sido fundidas in situ, para que estas piedras puedan apretarse unas con otras. Pero también tenemos la inclusión del oro con el juego de siete colores que tiene Tiahuanaco en sus murales, etc. Imagínese una salida o puesta de sol con las paredes brillando…

– ¿Tiahuanaco tiene alguna traducción en español?

– Tiahuanaco tiene como 100 traducciones, ese es el problema. Para comenzar diré lo que comento a veces en las clases de la Universidad: que «no estamos seguros de que Tiahuanaco se haya llamado Tiahuanaco en tiempos de Tiahuanaco». Puede llegar a ser un nombre convencional que a través del tiempo se haya ido repitiendo. Sin embargo, es el nombre más fuerte que subsiste y en arqueología tenemos que respetarlo.  Hay como cien traducciones que los filólogos han tratado de entender y ninguna nos hace estar a gusto. Uno de los nombres significa «la ciudad eterna», otro la «piedra del centro». Como esta cultura no tiene parangón en el trabajo de la piedra, en lugar de llamarla «el ombligo del mundo», la llamaban «la piedra del centro». Otra traducción nos dice «la ciudad de piedra que está en el centro de otras», porque no es única… el fenómeno de Tiahuanaco se va repitiendo en otras ciudades coetáneas próximas y de menor importancia.

– ¿Qué antigüedad se le atribuye a Tiahuanaco?

– Desde el punto de vista arqueológico, lo que se puede ver, tocar, palpar, medir, etc, tenemos la fecha más antigua alrededor del 1580 a.C., y la más reciente en 1172 d.C. Estamos hablando, si sumamos las dos cifras, de que esta cultura tuvo 27 siglos y medio de duración. Es una de las más longevas, con un comienzo y un final después de un largo desarrollo endógeno, es decir, que no había de donde copiar. Es impresionante desde ese punto de vista, porque podríamos considerar a los tiahuanacotas como los que inventaron una de las urbes más antiguas de América del Sur, y también un Estado, que es muy importante, porque abarcó un territorio muy grande que se extendió hacia otros lugares.

– ¿Hasta dónde llega su influencia?

– Sobre todo en los siglos de oro, del 400 al 800 d.C, Tiahuanaco tiene una expansión muy interesante. No es una expansión guerrera, sino que la excelencia de su cultura hizo que pueblos que estaban lejos se «afiliasen» a ella. Estamos hablando de toda la parte occidental de Bolivia, del N.O. argentino, del territorio del litoral desde Copiapó hasta parte de la sierra y la costa de Perú.

– ¿Qué porcentaje hay excavado?

– El 1,2 %, nos falta el 98,8 %. Yo diría que se ha dado mucha calidad en la excavación, pero todavía nos falta mucho en cantidad.

– Por doquier vemos moles de muchas toneladas de peso ¿nos podrías decir de dónde proceden?

– Las mayores llegan a 132 toneladas de peso. Tenemos tres fuentes principales: en los templos más antiguos aparece la arenisca o el esperón colorado, que viene de una serranía que se llama Tinsachata a 15 km al Sur de Tiahuanaco. Se trae también otra piedra de color blanco -la caliza- de un yacimiento que está a 40 ó 50 km hacia el N.E. Esta caliza es relativamente pequeña y se usaba para una serie de adornos de arquitectura. Y la más importante, sobre todo en la época cuarta de Tiahuanaco, es una piedra mucho más fina que se usó mucho, la andesita. Es una lava volcánica, bastante dura y resistente, de color gris; con ella están hechos los principales monumentos. Se extraía de una cantera que está a un costado del volcán apagado en la base de la península de Copacabana. Si bien está a 80 km en línea recta de Tiahuanaco, son muchos más, porque de la cantera se bajaba al lago mayor y de allí, desde las que podríamos llamar islas flotantes de Totora, se embarcaban las piedras; semiflotando y lentamente se traían a través de 17 km de distancia. En 1983 habíamos encontrado lo que se llama el Huañajahuira, un canal artificial que viene de las cercanías de Tiahuanaco prácticamente hasta el lago Titicaca, en el que con una serie de esclusas se podía ir subiendo el nivel de las aguas para salvar los 20 m de altura que hay en estos 17 km.

– La Puerta del Sol alberga muchos conocimientos astronómicos y astrológicos ¿nos podrías decir algo al respecto?

– Sobre todo lo haré de los astronómicos y su doble función. Es interesante porque todas las puestas de sol y todas las divisiones del año están enmarcadas dentro de este gran recinto. Para comenzar, está emplazada en un templo que es astronómico y que tiene las medidas exactas para los equinoccios y solsticios, es decir: el 21 de Junio, por ejemplo, el primer rayo de sol que atraviesa la puerta principal del palacio de Kalasasaya, da en un punto muy concreto del templo, y lo mismo el 21 de marzo. La pared que da al Este tiene 11 pilares, uno de ellos doble; son sumamente importantes por ser un calendario de 12 meses. En la parte central está ubicada la Puerta del Sol, que se divide en tres partes: la primera es donde está la figura humanizada del sol, que lanza sus rayos hacia todos los lados y sólo unos cuantos llegan a la tierra. Por eso la divinidad del sol humanizada está pisando una pirámide. La pirámide en Tiahuanaco es la representación geométrica de la tierra y dentro de ella hay un pequeño espacio en el cual se ve la figura de la luna, representada por un puma altamente sintético (solamente la cabeza y el lomo) aunque tú lo miras y lo ves íntegro. Respecto a la posición de la luna dentro de la Tierra, no quiere decir que ellos pensaran que la luna todos los días se mete en la Tierra y sale al otro lado, no, es metafórico: mientras brille el sol, está escondida la luna. También está la Cruz del Sur con los dos ojos y una bolita en la cresta y la boca, que une las cabezas de cóndor a un lado; en el otro lado está la Cruz del Sur vespertina y matutina, porque recorre todo el arco celeste. Al mismo tiempo, por debajo de toda esta representación hay una franja, la parte baja del friso, que tiene 11 soles, ya no son hombres completos, sino 11 soles con máscaras solares de oro, y cada uno de ellos va marcando un determinado momento del año. Los soles extremos son soles pequeños, los solsticios. Por ejemplo, en la Puerta del Sol se ve a un costado un sol muy chico, pero encima hay un trompetero, un hombre que está parado encima del sol, mirando hacia la parte central y anunciando el retorno del sol hacia el equinoccio; y en el otro costado del verano también hay un trompetero que está anunciando que ha de retornar hacia el otro lado.

   En síntesis, la Puerta del Sol fue un calendario de carácter místico y esotérico para los grandes sacerdotes de Tiahuananco, pero también cumplió una función sumamente importante: marcar los períodos agrícolas en los que el hombre tiene que salir a trabajar la tierra o hacerla descansar; por ejemplo, hemos dicho que el 21 comienza el invierno y la madre tierra está durmiendo, está descansando para el hombre tiahuanaco, en el sentido de que es la época de mayor frío del año, en la que el hombre convierte la papa en chuño (patata deshidrata). Desde el punto de vista de esta dualidad, hay que ver que el hombre de la Puerta del Sol está agarrando dos cetros de poder, uno es la vida espiritual y el otro simboliza la vida material.

– ¿Nos podrías hablar un poco de su religión y de sus dioses?

– Por todo lo que he ido viendo, la perfecta armonía del hombre con la Naturaleza es la verdadera religión aquí. De ahí surge el culto a lo que llamamos Pachamama, que es la madre Tierra, la que todo nos lo da, de la cual surgimos y a la cual vamos; porque venimos en posición fetal, y a los muertos los ponemos también en posición fetal. Esta armonía profunda con la Naturaleza la vemos en varias partes, por ejemplo en la «Puerta del Sol», donde encontramos siempre una representación humanizada del Sol. Hay muchas metáforas sobre la divinidad en Tiahuanaco, pero no quieren decir «dios sol», «dios luna», «dios llama», «dios perro», «dios loro»… No, eso es una confusión de los primeros conquistadores, porque no tuvieron capacidad de entender. En la simbología de estos hombres había tres planos de evolución: el interior se llama Mankapacha, porque está debajo; el aquí y el ahora o la vida terrena vendría a ser Taikipacha, el plano medio o espacio-tiempo medio; y Alakpacha, la parte superior donde mora la divinidad.

– Para terminar ¿qué palabras quieres dirigir a los lectores españoles?

Si vienen y tienen la oportunidad de adentrarse un poco más de lo que ve el turista, van a quedar plenamente sorprendidos. Esta tierra es magnífica, tiene mucha fuerza telúrica, el hombre cree mucho en esta fuerza de la tierra y esta tierra tiene muchas cosas importantes. Desde este punto de vista, no queda sino esa fascinación que emerge de la propia tierra que unos investigadores quieren vincular con la teoría de que antes estaba la Atlántida, otros dicen que esto es obra de extraterrestres, en el sentido de que los humanos somos incapaces de hacer y de comprender esta cultura. Personalmente creo que sus constructores fueron «terrestres» muy avanzados porque jamás se han encontrado huesos desconocidos que no fuera el homo sapiens sapiens; creo que lo más importante de todo es que, a mi parecer, es, un gran piropo para la cultura boliviana, para la cultura de Tiahuanaco, porque da la impresión de que nuestra sociedad actual, con todo su avance tecnológico, no tiene todavía la capacidad de entender a un Tiahuanaco que está en las profundidades de ellos mismos.

Rafa González