Educación platónica para el siglo XXI

En la actualidad existe un fuerte impulso que promueve una transformación en la educación. Este impulso, fruto de indagaciones tanto científicas como filosóficas, ha planteado nuevas prácticas educativas que buscan una educación integral, capaz de formar personas con las habilidades necesarias para enfrentar los problemas actuales. Sin embargo, en este proceso de cambio de cosmovisión, permanece una fuerte tendencia de mirar más hacia el futuro, en lugar de tener en cuenta el pasado, para indagar si, entre su legado, existen ideas afines, capaces de potenciar su impacto.

Uno de los grandes filósofos que habló sobre la educación hace varios siglos fue Platón. En un principio, él creía que a través de la política sería posible construir una sociedad justa. Para comprobar su forma de pensar, puso a prueba sus ideas en Siracusa, sin embargo, sus experimentos fracasaron. Tras reflexionar al respecto, Platón se dio cuenta que sus planteamientos no serían exitosos sin antes educar a las personas en la virtud. Por lo anterior, dedicó varios de sus diálogos para explicar cómo se tiene que educar a los seres humanos a fin de sacar de ellos todas las bondades de su ser. Como veremos, varias de las ideas planteadas por este gran filósofo reaparecen nuevamente en estos tiempos como innovaciones que pretenden cambiar los paradigmas educativos y científicos de nuestra época.

Hoy en día sabemos más sobre cómo aprendemos, los procesos que ocurren en nuestro cerebro cuando adquirimos nuevos conocimientos, incluso la manera en la que la evolución afecta a dichos procesos. Todos estos conocimientos han generado cambios en las propuestas de cómo educar según el desarrollo de cada persona. En cuanto al tema de la evolución, ahora se sabe que existen sistemas de herencia de comportamiento, es decir, no sólo heredamos características físicas, sino que también se heredan hábitos y costumbres. En este sistema, los individuos, ya sean animales o seres humanos, cambian su forma de actuar debido a un proceso de interacción con otros organismos de su especie. Generalmente los más pequeños observan la manera de comportarse de los adultos y, al intentar imitarla, la aprenden y la asimilan, favoreciendo que este modelo se repita en las próximas generaciones. Además, dentro de este sistema, se ha observado que, en edades tempranas, los individuos tienen una mayor predisposición a aprender por impronta las conductas de otros individuos de su especie.

Si bien en la época de Platón no existía la noción de la evolución y de la herencia como se conoce actualmente, en La República, hay un diálogo en donde Sócrates toma ciertas medidas en cuanto a la educación de los niños para evitar que estén en contacto con comportamientos o ideas no deseadas para su sociedad: «Tampoco ignoras que todo depende de los principios, particularmente en lo que se refiere a los niños, porque en esa edad, el alma, aún tierna, recibe fácilmente todas las impresiones que quieran dársele». Por tal motivo, Sócrates prohíbe, por ejemplo, que se cuenten a los niños mitos con «mentiras corruptoras», en donde dioses y héroes aparecen realizando comportamientos inadecuados, como actos de venganza o de discordia. Sócrates aclara que, si bien existen alegorías detrás de estos, «un niño no es capaz de discernir lo que es alegórico de lo que no lo es, y todo lo que se imprime en el espíritu de esta edad deja rastros que el tiempo no puede borrar. Por eso es importantísimo que los primeros discursos que oiga, sean a propósito para conducirle a la virtud». Según Sócrates, si una persona viviera siempre rodeada de virtud, podría fácilmente reconocer lo que se aleja de ésta y buscaría corregirlo.

Otra idea innovadora en la educación es la propuesta del aprendizaje mediado, donde el docente, más que ser un transmisor de conocimientos se encarga de facilitar la interacción entre los estudiantes con el entorno que les rodea, procurando que lo que los alumnos aprenden les resulte útil, sea significativo para la vida y emerja de sus propias reflexiones. A fin de lograrlo, esta mediación utiliza en el proceso las habilidades cognitivas, emocionales, actitudinales, energéticas y afectivas del estudiante, a fin de que todo su ser se vea envuelto en el proceso de aprendizaje.

La mediación busca generar un aprendizaje de manera integral, lo cual vemos también reflejado en las propuestas de Platón. Para él la educación tenía dos partes indispensables y complementarias: la música y la gimnasia. La música, es lo relativo a las musas, es decir, implicaba el estudio de artes y ciencias. La gimnasia, por su parte, estaba relacionada con el cuerpo. Gracias al estudio de ambos aspectos de forma íntegra, se lograba, además de la adquisición de conocimientos y el desarrollo de habilidades, la formación de un carácter armónico: “Los dioses han hecho a los hombres el regalo de la música y de la gimnasia […] para cultivar el alma, y perfeccionar en ella la sabiduría y el valor”. Por otra parte, con el mito de la caverna, Platón nos muestra la importancia y la motivación que debe haber detrás de aquella persona que busca sacar a sus compañeros de la caverna para descubrir un mundo mejor. Así, cuando el personaje principal se ha desprendido de sus cadenas y logra, por sus propios medios llegar hasta el mundo real, surge en él una necesidad de volver a la caverna para ayudar a sus compañeros y ayudarlos a llegar, por sus propios medios y a través de su propia experiencia, al mundo fuera de la «caverna». Desde esta perspectiva, la educación no es planteada bajo miras del experto que les cuenta como es el mundo, o de aquel que «hace penetrar ciencia en un alma en que nada hay de ella», sino del mediador que los motiva a direccionar su vista a otros mundos y los guía para encontrar el camino hacia ellos. De ahí, Platón considera que el rol del que enseña está en el «arte de hacer girarla [al alma] de la manera más fácil y más útil», pues está orientada en una mala dirección, y «no mira a donde es debido».

Finalmente, otra idea afín a la mediación es la propuesta socrática de la mayéutica, en donde, a través de preguntas el mediador favorece ciertas reflexiones sobre un tema, de tal manera que la persona pueda ir generando su propio conocimiento. Según Sócrates en el texto de Teetes, al terminar de conversar con él «se ve claramente que ellos [los que conversan] nada han aprendido de mí, y que han encontrado en sí mismos los numerosos y bellos conocimientos que han adquirido, no habiendo hecho yo otra cosa que contribuir con el dios a hacerles concebir».

Jésica Hermoso

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