Arqueología imposible ¿Quién lo hizo posible?

La palabra «arqueología», etimológicamente, proviene del griego «Archaios», que significa viejo o antiguo, y de «logos», con el significado de ciencia o estudio. La ciencia de lo antiguo es en la actualidad una disciplina académica que estudia las distintas sociedades humanas, utilizando para ello los restos materiales  que el paso del tiempo ha querido dejarnos.

Reloj de Antiquitera

Dentro de los elementos que se estudian están los objetos producidos por una sociedad y las prácticas ideadas para elaborarlos, distribuirlos, usarlos o desecharlos; es decir, los artefactos y las causas por las que se han hecho, su función y su significado dentro de la sociedad.   

Desde que nació la arqueología, allá por el siglo XVIII, ha ido paulatinamente evolucionando hasta convertirse hoy en una herramienta esencial para recuperar, conocer y comprender parte de nuestro pasado, así como las huellas que hemos ido dejando los hombres a través del tiempo.

No obstante, dentro de esa ciencia que estudia los restos y evidencias materiales que dejaron nuestros antepasados, hay muchos puntos que todavía no han sido esclarecidos, muchos descubrimientos que aún no se han podido catalogar y entran dentro de lo que se denomina «arqueología imposible».

La arqueología imposible es un tema que despierta controversias, opiniones enfrentadas, teorías diversas e, incluso, hace volar la imaginación humana hasta alturas insospechadas; por eso es dificultoso hablar o escribir sobre ello, pero a la vez es un tema muy atractivo que genera curiosidad, ganas de seguir investigando, y nos replantea aspectos de nuestra propia historia.

Aunque vivimos en un mundo tecnológicamente avanzado y en la sociedad del conocimiento, todavía quedan muchas preguntas a las que nuestros medios físicos e intelectuales no logran dar respuesta. Por toda la geografía terrestre, en los cinco continentes, en tierra llana o en las montañas, en cuevas o en el fondo del mar, en todos los rincones donde el hombre ha dejado su huella, se hallan evidencias arqueológicas que no concuerdan con las teorías oficiales, con nuestra concepción del mundo y de la historia.

Algunos restos están fuera de lugar y tiempo, se les denomina ooparts (objetos fuera de lugar), y al encontrarlos, uno no puede evitar preguntarse: ¿Cómo es posible que objetos hechos por el hombre, o restos y huellas humanas, se encuentren en períodos históricos donde supuestamente el hombre todavía no existía?  Otros vestigios sí que están dentro de la historia, pero  son elementos que se  corresponderían con momentos históricos muchos más evolucionados, sus características no se ajustan a las posibilidades de la época en la que su datación los sitúa. Estos sorprendentes hallazgos pueden ser evidencia de que algunos pueblos de la antigüedad fueron poseedores de un conocimiento igual, o en algunos casos superiores, a los nuestros y que puede que seamos más antiguos de lo que nos creíamos.

Objetos artísticos, arquitectónicos, científicos, tecnológicos u óseos que nos obligan a abrir nuestra mente y nuestra percepción más allá de las fronteras fijadas por el orden establecido académicamente, rompiendo con la línea temporal y las ideas concebidas y estipuladas sobre el ser humano. Pequeños artefactos mecánicos o huellas humanas, encontrados en estratos geológicos imposibles; construcciones monumentales y tallas en roca dura cuya fabricación habría requerido del uso de tecnología laser en la Edad de Piedra; enormes piedras que requerirían para su transporte o colocación una sofisticada maquinaria, pertenecientes a períodos donde ni siquiera se conocía la rueda; construcciones astronómicamente orientadas, matemáticamente perfectas, geográficamente construidas en lugares estratégicos,  técnicamente muy adelantadas a su tiempo.

Pilar inoxidable de Delhi

Ante lo desconocido, ante el misterio de lo inexplicable, nace un  sentimiento de asombro que puede remover conciencias, pues cuando la mente no acierta a comprender se despierta la sed de saber y la necesidad de preguntar ¿Cómo es posible?, ¿Cómo pudieron construir tales monumentos?, ¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo puede existir eso?

Muchas son las teorías que se han planteado mientras buscamos dar respuesta a lo  desconocido, y muchas quedan hechas trizas cuando aparece algo inesperado, cuando el hombre se encuentra, cara a cara, ante el enigma de lo inabordable, de lo que nuestra razón no puede llegar a comprender, pero que es sin duda alguna incuestionable dado que existe, está ahí delante nuestro. El martillo de Kingdoom; las espirales de distintos materiales y aleaciones extrañas halladas en los montes Urales; huellas de humanos al lado de huellas de dinosaurios en el Valle de los Gigantes, en Texas; lentes de cristal encontradas en Nimrud, Micenas, Cartago, Creta, Rhodas, Escandinavia, Italia, Egipto, Troya; la famosa máquina de la isla de Antiquitera; la pila de Bagdad; los Moais de la Isla de Pascua; el pilar inoxidable de Delhi; las ruinas sumergidas de Yonaguni en Japón; la puerta de Tihuanaco en América; las enigmáticas esferas de piedra de Costa Rica; las líneas de Nazca; el obelisco inacabado de Asuán…, todo ello nos lleva a reflexionar, en ese esfuerzo por reconstruir el pasado, que todavía quedan muchos eslabones perdidos por encontrar, que la historia es como un gigantesco  puzle que historiadores y antropólogos tratan de armar, pero en el que hay piezas que todavía no encajan, y otras ya puestas que se descolocan ante cada nuevo hallazgo.

Tal vez, como decía Max Planck, «En última instancia, nosotros mismos somos una parte del misterio que estamos tratando de resolver».

Fernando Celli