La comunicación no verbal

 El tema de la comunicación no verbal pasa muy desapercibido y es, precisamente, esa característica lo que le da una gran relevancia. Se piensa más en “qué” se dice, que en “cómo” se dice, y muchas veces el “cómo” afecta profundamente y modifica al “qué”. Nuestra sociedad ha dado un papel predominante al logos, a la palabra y, sin embargo, las personas reflejan en su forma de hablar y en los gestos y posturas, consciente o inconscientemente, su lugar de procedencia, su estado de ánimo, sus intereses, etc.

            Entre 1914 y 1940 empiezan a realizarse investigaciones sobre la comunicación no verbal. Este tema no es exclusivo de una sola disciplina ya que son muchas las que lo han considerado objeto de sus estudios. Entre ellas se encuentran: la etología (que estudia las costumbres), la sociología, la psicología, la antropología y la lingüística, fundamentalmente.  No siempre llegan a los mismos resultados, debido con toda probabilidad a la juventud del tema, entre otras cosas. Es un ámbito muy prometedor y tiene muchos beneficiarios en campos diversos.

            En literatura las descripciones en una novela de sus distintos personajes demuestra un conocimiento de la personalidad, de los estados de ánimo y de la corporeidad humana. Un ejemplo claro lo apreciamos en la novela Momo de Michael Ende, en la que hace con sus protagonistas un alarde del lenguaje no verbal. Prácticamente en cada página hay uno o más de estos comportamientos: distancia a la que se sientan los protagonistas unos de otros, intercambio de miradas, silencio, la cara roja de ira, la cara blanca de miedo, la voz en tono amenazador, apretón de manos como señal de reconciliación, encogerse de hombros, andar encorvado y despacio, hablar poco, lentamente y con volumen bajo para caracterizar a alguien reflexivo y con cierto grado de timidez…

Tipos de comunicación no verbal

            La Proxémica es el estudio y clasificación del uso que el hombre hace de su espacio vital. Es de todos conocida la sensación de incomodidad que se produce cuando alguien se toma excesiva confianza e invade nuestra esfera personal, pues la distancia está relacionada con el grado de intimidad. También interviene un factor cultural, pues según en qué medios este espacio vital está más distante o más cercano; por ejemplo, está muy lejano entre los alemanes que para saludarse se dan la mano como mucho, mientras que en España nos damos dos besos; y más cercano es todavía en Sudamérica, donde el contacto físico de caricias y gestos afectivos es más frecuente. “Argyle y Dean formulan hipótesis sobre un equilibrio entre fuerzas de aproximación y de alejamiento: nos sentimos atraídos por algunas personas y rechazados por otras como consecuencia de experiencias anteriores gratificantes o frustrantes, a partir de los sentimientos de simpatía o de antipatía que los demás suscitan en nosotros. En las relaciones hostiles preferimos observar a las otras personas, manteniéndonos lejos del radio de acción de su contacto físico” (Incola Squicciarino).

            La Kinesia es el estudio y clasificación del movimiento corporal, también denominado Cinesis. Es el lenguaje no verbal que incluye la mirada, el movimiento de las manos y la postura del cuerpo. El rostro es el más relevante para expresar las emociones y comunicar actitudes interpersonales y agrega a la comunicación verbal una especie de refuerzo o de puntualización visual que acompaña a las personas, modulando su significado. Naturalmente, revela también nuestros estados anímicos y nuestra actitud hacia los demás. Según Ekman y Friesen, existen movimientos faciales diferentes para cada uno de los estados afectivos primarios, que son comunes en todos los hombres. Hay seis “emociones fundamentales”: felicidad, ira, sorpresa, tristeza, disgusto y miedo. Estas emociones no se reflejan en el rostro de manera uniforme; por ejemplo, la parte inferior del rostro y la zona de los ojos indican felicidad y tristeza; la zona de la frente y de las cejas reflejan particularmente la ira; el disgusto se concentra en la zona inferior del rostro, que además manifiesta la sorpresa si es auxiliado por la mirada.

            Las expresiones del rostro no deben ser nunca aisladas del contexto de su cultura y el ámbito de comportamiento en que se desarrolla: torcer la nariz varía su significado según el lugar y el contexto. En Japón el semblante ideal debe estar controlado, sin expresión, mientras que la risa y la sonrisa pueden utilizarse para ocultar la rabia o el dolor. A diferencia de otras formas de comunicación no verbal, los gestos faciales se consideran dominados en un nivel consciente, ya que conocemos su potencia comunicativa, intentamos someterlas con cuidado, inhibiéndolos y exhibiéndolos cómo y cuando queremos. Desde la infancia nos enseñan a ocultar ciertas emociones y a fingir otras; este comportamiento puede llegar a ser habitual y capaz de entrar en acción superando nuestras propias intenciones. El rostro es el espacio de las tensiones, donde las emociones, en el momento de su manifestación, son manipuladas, destacadas o negadas. A través de una serie de normas dadas por la sociedad se entra en un juego continuo de ficciones y disimulos, de enfatizaciones y omisiones. Justamente la cara, que es el elemento más elaborado de la expresión no verbal, se convierte, o lo convertimos, en el falsificador no verbal.

El aspecto externo

            La apariencia externa desempeña un papel importante para fijar y mantener una imagen de nosotros mismos y tiene un peso considerable de cara a la autoestima y al sentimiento de seguridad en la propia persona. En la infancia este proceso se une al del nombre, y la indumentaria constituye para el niño un motivo de orgullo porque es un importante punto de apoyo para su identidad. El interés de la aceptación social es una de las consecuencias más relevantes del aspecto físico de las personas. Eso explica por qué algunos ancianos, disminuidos físicos y psíquicos cuidan tan poco su propia compostura, precisamente porque se sienten marginados y sin motivaciones. Sin embargo, el abandono del cuidado físico no se debe sólo a esta causa, sino que los distintos movimientos e ideologías lo refuerzan; tal es el caso de los hippies y de los punks, una actitud clara de rechazo a lo establecido, a las normas y maneras de la sociedad.

            Otra tipología de personas son aquellas que están demasiado preocupadas o inmersas en sus propios pensamientos u ocupaciones para conceder una mínima atención a su apariencia. La indumentaria siempre significa algo, transmite información con respecto a la edad, el sexo, la etnia, el grado de religiosidad. En la actitud hacia los demás se emiten señales en cuanto a la disponibilidad sexual, la agresividad o la rebeldía, como es el caso de los roqueros, y la formalidad en el comportamiento, el estatus social y económico, como vemos en los banqueros y “gente de dinero”.

            Algunas profesiones precisan de una determinada indumentaria, como el uniforme de la policía, la toga del juez o los hábitos de un cura. En el interior de un hospital transmite la información del papel que desempeña cada uno, si es enfermera, médico o paciente. No obstante, hay personas que no se sienten identificadas con la vestimenta que le obligan a llevar y hacen de ese traje su propia versión, como es el caso del adolescente que varía la forma de ponerse el uniforme del colegio, dando una información suplementaria de su propia identidad.

            No tenemos que olvidar que la indumentaria está teñida del contexto que la envuelve, como podemos ver en el siguiente ejemplo de Humberto Eco: “Lleva minifalda: es una chica ligera (en Catania, Sicilia). Lleva minifalda: es una chica moderna (en Milán). Lleva minifalda: es una chica (en París). En Hamburgo, en el Eros: lleva minifalda, quizá sea un chico”.

            Todos los factores que hemos visto son capaces de darnos una mezcla explosiva. Un buen lector del lenguaje no verbal podría hacernos una radiografía diaria y descubriría nuestro estado de ánimo. El hombre está constantemente emitiendo mensajes. Impregna de sí mismo cuanto le rodea, especialmente sus gestos: el cuerpo dice el noventa por ciento de lo que la persona expresa.

            Así pues, conocer este lenguaje no hablado nos puede decir mucho de las personas, de sus sentimientos y motivaciones. Nos dejará acceder a ese idioma no hablado que cada uno transmite. Un idioma de señales inconscientes, de miradas furtivas, entre líneas de gestos y ademanes que tienen mucho más que decir de lo que hasta ahora nos han comunicado.

Laura Sánchez